Todo el mundo se sorprende porque doña Rafaela Romero esté aterrorizada con el posible asesinato de su heroico y honesto marido.
Está clarísimo y tiene toda la razón del mundo. Don Xuxito Eguiguren es amigo y colabora con la ETA y por tanto no necesita la molesta escolta que acompaña a todos los políticos del País Vasco y hasta ahora así era.
Había un pacto; tú, capitoste socialista, haces propaganda de mi lucha armada y yo no te asesino, un pacto extremadamente excelente para un cobarde. Y más extremadamente útil para los planes de ZP y su negociación con los asesinos. La cosa les iba muy bien a Xuxito, su santa, ZP y sobre todo a la ETA. El valiente jerarca del PSOE vasco, iría al juicio de Otegui, le pondría por las nubes a él y a Batasuna (ETA), como en su día hizo el otro valiente ¿español? en una ocasión similar y con el mismo fin: “Otegui es un hombre de paz”. Otegui saldría de la cárcel, Batasuna a los ayuntamientos, en olor de santidad ambos, y ya estaba la jugada. Ganadas las elecciones del 2012. Pero ¡Oh! ¡Desgracia! La contundente reacción de las victimas, el apoyo popular que tuvieron y la cobardía de ZP, les hizo dar marcha atrás. Le leyeron la cartilla a Xuxín, éste, cuidadoso con las muy buenas soldadas que les proporciona el muy generoso PSOE a él y a su santa, estuvo modosito en el juicio. Y naturalmente doña Rafaela que le oyó no pudo reprimir su terror, pues a lo peor a la ETA no le gustaba tanto la modosidad de su socio no cumpliendo lo pactado. Y con toda lógica se dirigió a la autora del desaguisado y le dijo con toda el alma puesta en la frase ¡No lloréis por nosotros el día que nos maten! Está francamente preocupada, los de la ETA son muy suyos y se suelen cobrar las deserciones, véase Yoyes y un largo, muy largo, etcétera. ¡Pobre señora otra vez con la lata de los escoltas! Y a mirar debajo el coche. |