"Novedad" en el Alcázar PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Rafael González Casero   
martes, 13 de octubre de 2009

ImageNo puedo dejar de escribir sobre una cuestión con la que me encuentro especialmente sensibilizado, como es lo relacionado con el Alcázar de Toledo y la instalación del nuevo Museo del Ejército en su recinto. La pasada semana varios medios de comunicación se hicieron eco de lo que muchos temíamos: la eliminación de las salas del museo referentes al asedio que sufrió la fortaleza durante los primeros meses de la Guerra Civil y que propició que la Batalla de Toledo traspasara fronteras y se hiciese digna de elogio al margen de diferencias ideológicas.
 
Quizá  para alguien que no sea toledano o que simplemente haya nacido en la generación de los años ochenta resulte difícil conocer lo que aconteció en el Alcázar entre los meses de julio y septiembre del verano de 1936; el revanchismo político, el olvido selectivo y la censura han impedido que el conocimiento de los hechos acaecidos el Alcázar en aquél año llegue hasta nuestros días sin ser adulterado.

Al estallar la Guerra Civil, el Jefe militar accidental de la Plaza de Toledo, el Coronel Moscardó, se sumó a la sublevación contra el Gobierno republicano declarando el estado de guerra en Toledo; al constituir la ciudad un enclave sublevado en zona republicana, unas 1800 personas se refugiaron el Alcázar, entre las que había militares- los menos por ser periodo estival y estar los cadetes de la Academia de vacaciones-, guardias civiles, guardias de asalto, civiles, así como mujeres-unas 500- y niños-unos 50-, mayoritariamente familiares de los uniformados acuartelados en la fortaleza.

Madrid, sede gubernamental, no tardó en enviar tropas a Toledo para acabar con el reducto fascista que se había sumado al alzamiento. Se iniciaban así casi tres meses de asedio sobre el Alcázar, al hacerse fuertes los refugiados en el recinto y no entregarse a las tropas del Gobierno; tres meses de tenaz resistencia que no pudo ser vencida, siendo finalmente liberado el 28 de septiembre por las tropas del General Varela, pertenecientes al Ejército de África que, comandado por el General Franco, había conquistado recientemente Badajoz y Talavera de la Reina en su marcha hacia Madrid.

Durante el tiempo que duró el asedio, el bando republicano utilizó  todos los medios a su alcance para acabar con la resistencia del Alcázar. Factores como la utilización de artillería pesada, bombardeos aéreos, intentos de quemar el edificio con gasolina,…sumados a la falta de agua corriente- se tuvo que utilizar un aljibe subterráneo para abastecer a los defensores- e higiene- lo que facilitaba la propagación de enfermedades- y al racionamiento de comida, hicieron que el asedio convirtiese en héroes a los que resistieron tras aquellos muros. La guerra psicológica se hizo patente durante el asedio, teniendo ésta como máximo exponente la llamada que recibió el Coronel Moscardó en la que se le conminó a rendir el Alcázar para que su hijo no fuese fusilado por las milicias; finalmente, el Coronel no rindió al Alcázar y su hijo fue fusilado en agosto junto a una saca de presos.  Como colofón, en los días previos a la liberación dos minas intentaron volar por completo el edificio con las mujeres y niños dentro. Finalmente, la frase que el Coronel Moscardó - rodeado de personas que escuálidas y exhaustas habían logrado defender lo que ya sólo era un edificio en ruinas- pronunció a la llegada del General Varela, sin novedad en el Alcázar, puso el punto final al infierno que en el caluroso verano toledano se vivió en la inexpugnable fortaleza.

En síntesis, estos son los hechos que ocurrieron durante el asedio del Alcázar, y estos eran los que se relataban en el museo antes de que cerrase para acoger al Museo del Ejército proveniente de Madrid. Nada bueno podía augurarse para la exposición sobre el Asedio con la llegada del nuevo museo; aún así, muchos pensábamos que al menos se respetarían y dejarían abiertas al público la sala del asedio y el despacho del Coronel Moscardó. Pero la ola de revanchismo y de memoria histórica que trajo el gobierno socialista ha acabado, según parece, con todo lo que suene a asedio dentro del majestuoso edificio, a no ser que se adultere la historia para pretender hacer ver, una vez más, a unos malos muy malos soldados del bando nacional luchando contra unos buenos muy buenos luchadores del bando republicano. 

Para colmo, la pasada semana el secretario de Estado de Defensa manifestó que se respetaría la Cripta donde están enterrados parte de los defensores y sus familiares… ¡Al final  habrá que dar gracias al Gobierno por dejar descansar en paz a los muertos y no removerlos de sus tumbas!

En definitiva, si nada lo remedia, una parte más de la historia de España va a ser borrada por el Gobierno que se ha propuesto ganar la Guerra Civil 70 años después. Todas las naciones cuentan con hechos y gestas que merecen ser recordadas al margen de diferencias ideológicas y de luchas partidistas; lamentablemente, en España se nos ha privado del derecho a conocer cuanto ocurrió en nuestro país para que de manera libre, los ciudadanos puedan discernir y sacar conclusiones acerca de nuestra propia historia.  

Sólo un futuro Gobierno dotado de la razón y las agallas necesarias para frenar esta ola de sectarismo podrá recuperar la parte de la historia que se ha borrado por puro rencor, aunque nada optimista soy en este punto, pues resulta mucho más fácil destruir que restituir.

Sin haber sido aún inaugurado el nuevo Museo del Ejército en Toledo y no haber podido contemplar sus instalaciones, sin ningún género de dudas me quedo con el Alcázar que conocí antes que con el que conoceré.


Rafael González Casero
Acerca del Autor:
Nacido en Toledo en 1981. Trabaja en la Administración Pública y cursa estudios de Derecho en la Universidad de Castilla- La Mancha.
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