Mujeres que dicen adiós con la mano PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por José María Fernández Gutiérrez   
domingo, 21 de noviembre de 2010

Image “Mujeres que dicen adiós con la mano” es una reciente y peculiar novela de Diego Doncel. Hay, principalmente, en ella dos partes bien diferenciadas: Las violentas revueltas de otoño de 2005 en los “banlieus” de París y el atentado del 11 M en la estación de ferrocarril de Atocha de Madrid. Las revueltas de París están narradas al estilo tradicional, es decir, contando lo que allí pasaba, lo que hacían las autoridades y lo que pensaban los protagonistas de aquellos acontecimientos. Pero lo de Atocha en Madrid es distinto. Se explica (o se puede explicar) con las palabras que el autor incluyó en una “nota aclaratoria”: “Esta novela no cuenta una historia, sino que crea una historia. No refleja la realidad sino que crea la realidad. Pero esta novela quiere mirar la historia y la realidad.” Parece un galimatías, pero no lo es, aunque probablemente haya que leer el capítulo dedicado al atentado de Atocha para entenderlo pronto y cabalmente.

En “Mujeres que dicen adiós con la mano” hay asuntos muy sugerentes; uno es el de las ayudas sociales de los gobiernos y el de la integración de los emigrantes que aparece tratado en la p. 68 de la forma que sigue:

      “El autobús que ahora reposta está lleno de ancianos, unos duermen, otros miran por las ventanillas, otros charlan. He aquí los antiguos trabajadores en viaje cultural y vestidos para la ocasión, con sus gorras, sus botas de montaña y su atuendo deportivo. Hoy toca llenar los pulmones con las fragancias campestres, pasar la jornada quemando colesterol.

Sí, es cierto, le digo, nosotros tenemos para todos ellos muy poco poder de seducción. Quieren nuestros subsidios, el dinero de nuestros planes de integración. Y les aburre nuestra palabrería. Quieren que les dejemos en paz en estos barrios, sin que califiquemos su vida, sin que pongamos nuestra moral encima de ellos.

Las mujeres árabes chismorrean sobre el último capítulo de la telenovela: los ancianos del autobús, de camino al servicio, las miran. Ellas no dan importancia a esas miradas y continúan hablando de las traiciones, los divorcios y las maldades que ven en la tele. Cuando regresan los ancianos y ocupan un lugar en la barra, no atienden para nada a lo que ocurre en la pantalla televisiva, ellos hablan de sus enfermedades delante de sus infusiones. Enfermedades cardiovasculares, elevada tensión sanguínea, diabetes, próstata.

A veces me pregunto de dónde sale esta violencia, insiste Aziz. Esta violencia que desadapta e incapacita a las personas. Esta violencia irracional, que escapa a cualquier control. Estos jóvenes nos están enseñando la dimensión de esta violencia. Hoy varios de ellos atacaron a trabajadores sociales del Ayuntamiento. Los rociaron con esprais. Creo que estamos de acuerdo en que gran parte de la acción social es pura retórica. Una retórica en la que mucha gente invierte toda su vida mientras el poder se muestra satisfecho de rentabilizar publicitariamente cursos, programas, ayudas. Pero al final tenemos delante a una nación de excluidos con los que no sabemos qué hacer, mientras todo se va degradando y lo que décadas atrás era un problema de integración, hoy se ha convertido en una cuestión de orden público.”

      En el texto citado aparecen dos grupos, el de los ancianos y el de los emigrantes y con ambos, por las razones que se especifican, fracasa el gobierno porque las ayudas sociales y los programas de integración son mera retórica hueca que no sólo no arregla nada sino que en muchos casos ayuda a la creación de un problema de orden público. En suma: fracaso del gobierno y despilfarro de dinero público.

      Y, si las ayudas sociales no sirven de verdad para ayudar a quien lo necesita y si frecuentemente generan odios, revueltas y resentimientos, tendremos que preguntarnos por qué se conceden y por qué algunos gobiernos presumen de ellas y la respuesta es o que los gobiernos (algunos gobiernos) son una partida de ineptos o que las conceden para hacerse propaganda y conseguir votos.

      En Andalucía, por ejemplo, los funcionarios de carrera han llegado a manifestarse (40.000 manifestantes) porque el gobierno andaluz quiere convertir a 25.000 personas contratadas a dedo en funcionarios. Es decir, quiere asegurase los votos de esas 25.000 personas y los de sus familias; tal vez 100.000 votos. Y para esto sirve el dinero público. Y esto es la verdadera, la auténtica acción social de los gobiernos, de algunos gobiernos.

      Por eso la gente estamos diciendo que habría que regenerar la vida política, que habría que desterrar de los gobiernos el enchufismo y lo que ellos llaman pomposamente “ayudas sociales” porque en realidad no son más que subterfugios para la compra de votos.

      No es limpia la política en Europa. En Francia, como vemos en el libro de Diego Doncel, las ayudas sociales no sólo no contribuyen a la integración sino que generan odio y en España son una vía para comprar votos para el partido del gobierno y que, indirectamente, sirven para empobrecer más a la ya pobre sociedad española y para generar más paro porque el dinero no se gasta en generar empleo sino en premiar a los de la propia cuerda.

      En España habría que hacer una limpieza: gobierno, partidos políticos…


José María Fernández Gutiérrez
Acerca del Autor:
Catedrático de Lengua Española de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona
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