 Cuenta la Historia que uno de los ministros del Gobierno Berenguer, a la salida de un Consejo en el Palacio Real, tuvo el atrevimiento de acercarse a Su Majestad y espetarle a bocajarro: “¡ Más a la izquierda, Majestad, más a la izquierda, que os estáis jugando la Corona !”. Como demostró la Historia posteriormente, la no inclinación a la izquierda política de Don Alfonso le costó, efectivamente, la Corona, nos trajo una nefasta República que concluyo, como ya sabemos, en una sangrienta guerra fratricida entre los propios españoles.
El nieto de Don Alfonso XIII, nuestro actual Monarca, no obstante su papel institucional de neutralidad política, ha venido demostrando una cierta inclinación hacia la izquierda y el centro-izquierda político. En los años de la transición, resultó palmaria su amistad, cariño y simpatía personal hacia Adolfo Suárez. Y así pudo desarrollarse un paso no demasiado traumático desde un régimen personalista a un sistema de Monarquía Parlamentaria de corte democrático, donde todos los partidos políticos tenían su lugar dentro de lo que entonces se comenzó a llamar “el arco parlamentario”. Incluso los partidos políticos que añoraban el pasado régimen personal del Generalísimo Franco, podían expresar libremente sus opiniones, siempre que no fueran transgresores del sistema de libertades públicas. Pero la izquierda que tomó democráticamente el Poder en 1981, tras el fracaso de un golpe de Estado cocinado en organismos que formaban parte del “aparato” del propio Estado -- como según parece se volvió a cocinar otro golpe de Estado por los mismos en 2004 -- ha demostrado que la inclinación hacia la izquierda de Su Majestad puede resultarle ahora nefasta al nieto de Don Alfonso. El retorno a la “legalidad” previa al Alzamiento del General Franco es hoy la bandera de la izquierda española. Volver a la etapa anterior a la Guerra Civil es el objetivo tanto del PSOE como de la residual Izquierda Unida y de los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos. Y es ahí donde peligra la integridad de la Monarquía Parlamentaria que venimos manteniendo desde 1978. Juan Simeón Vidarte, social-comunista en la Guerra Civil llegó a decir públicamente : “La revolución de Asturias se había malogrado porque más pronto de lo que quisimos surgió esa palabra que los técnicos o los juristas llaman “juridicidad”. Para la próxima revolución, es necesario que constituyéramos unos grupos que yo denomino “de las cuestiones previas”. En la formación de esos grupos yo no admitiría a nadie que supiese más que la regla de tres simple, y apartaría de esos grupos a quienes nos dijesen quienes habían sido Kant, Rousseau y toda esa serie de sabios. Es decir, que esos grupos harían la labor de desmoche, de labor de saneamiento, de quitar las malas hierbas, y cuando esta labor estuviese realizada, cuando estuviesen bien desinfectados los edificios públicos, sería el momento de entregar las llaves a los juristas”. Graves palabras las de Simeón Vidarte. Muy graves, y máxime cuando nos están sonando tan próximas, tan manidas por la actuación del actual Gobierno socialista. La desmoralización de la población civil mediante la “labor de desmoche” con normativas como la del matrimonio homosexual, la adopción de menores por parejas del mismo sexo; los ataques a la Religión Católica mientras que se protege el Islam, algo incongruente con la idiosincrasia histórica de la población española; la ruptura, de forma abierta, de la unidad de España con ataques directos a la Bandera, al Himno y a las Instituciones; la desintegración del Ejército, sustituyendo las Academias Militares por simples carreras pseudouniversitarias, favoreciendo la reducción de mandos por ascenso natural en favor de aquellos que sean más proclives al pensamiento político dominante; destruyendo un sistema educativo lógico, sustituyéndolo por otro carente de principios éticos y morales; el desconocimiento de los principios generales del Derecho para acomodar la legislación a la ideología vigente en La Moncloa y en Ferraz. Todo ello con la única finalidad de regresar a la “legalidad republicana” derrotada en 1939 y tan estúpidamente adorada por el Poder. Si hoy hubiese alguna voz como la del ignoto Ministro del General Berenguer, bien podría advertir a Su Majestad : . “¡ Más a la derecha, Majestad, más a la derecha, que os estáis jugando la Corona !”
|