Madrid, la suciedad y los perros PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Pablo Martínez Iturriaga   
viernes, 03 de julio de 2009

ImageEste país da bastante asco y huele a podrido. Por ello, no nos debe extrañar que las calles de Madrid compartan esas mismas propiedades. Dan asco y huelen a podrido y esto, señor Alcalde, no se arregla con obras faraónicas. Limpio no es el limpia, sino el que no ensucia. Ya hablé hace unas semanas de lo invivible que podía llegar a ser Madrid y de que el problema venía de lejos. Cuando Carlos III vino desde Nápoles para ocupar el trono que su hermano dejó vacante, la ciudad capital de las Españas era objeto de lamentables descripciones por parte de sus contemporáneos, españoles y extranjeros, de mediados del XVIII. Sobre todo muy sucio, con agua escasa, con callejas llenas de lodo, de polvo o de basuras, residuos del vecindario, de las caballerías y de los cerdos que habían convertido la ciudad en una auténtica pocilga. 

Era el Madrid del “¡agua va!”, expresión que servía para avisar a los peatones de la inminente lluvia de agua de fregar o de orinal proveniente del respectivo balcón. Para darnos una idea basta citar dos títulos de la época, que no necesitan traducción: “Merdidum Matritensi” de Juan de Iriarte y “La merdeide stanze in lodo dei stronzi delle Real Villa de Madrid” de autor Italiano anónimo. La mujer del Rey, Doña Amalia todo lo encontraba feo y triste. Su marido el rey se encargaría de dignificar y ennoblecer la ciudad hasta el punto de que se le sigue conociendo como el mejor Alcalde de Madrid, porque trató a Madrid con el amor que le han negado demasiadas generaciones de ediles y alcaldes de la Villa y Corte. 

Ahora con la reforma de la calle Serrano y el Paseo de Prado-Recoletos, y el fin de las obras del cercanías en Sol y en la ribera del Manzanares, de aquí a unos meses Madrid tendría que estar muy bonito, pero seguirá oliendo a podrido, especialmente en verano por la siguiente razón: En Madrid el deporte local por excelencia es el eslalon de caca-perro, modalidad deportiva patrocinada por la legión de propietarios de perros por toda la ciudad. Ya sé que no todos los propietarios son iguales, pero el problema aquí es doble. El primero es que hasta bien entrado el siglo pasado, debido a los carruajes había muchos caballos y por tanto muchos excrementos que limpiar, por lo que existían personas cuyo oficio era retirar esos excrementos. Hoy sin embargo sigue habiendo animales que aflojan la espita en plena calle pero ya no existen tales operarios. El segundo problema (y principal creo yo), es que partimos de un concepto equivocado de la noción de “perro”.  

Un perro es un animal. Amar a un perro hasta el punto de darle besos y permitir que se te suba a la cama, eso es zoofilia. El perro, porque es perro, arrastra su hocico por el suelo callejero olisqueado las deposiciones y micciones de los han marcado el terreno antes que él, para después ser besado en ese mismo hocico por su cariñoso dueño. Alguien que le da un beso a eso, es capaz de darle un beso a cualquier cosa (yo incluido).  

He intentando comprender la psicología de las personas que aman a sus perros y creo haber llegado a una conclusión bastante cabal. Vivimos en una sociedad muy individualista y emocionalmente fría. Cada vez son más los que tienen verdaderos problemas para mostrar afecto y cariño hacia su prójimo traduciéndose esto en irritabilidad, hiperexigencia hacia los demás y un largo etc. Por eso cada vez hay más solteros/as y divorcios, porque sencillamente no soportamos nuestros defectos por pequeños que sean. Todo ese cariño y afecto retenido que el ser humano necesita transmitir hacia alguien, se lo acaba llevando un maldito perro. ¿Por qué un perro? Porque con un perro, no corremos el riesgo ni de que nuestro cariño sea rechazado o ridiculizado, ni de que después de recibir tanto amor, nos abandone por otra persona rompiéndonos el corazón. 

La semana que viene Dios mediante seguiré hablando de por qué Madrid huele a podrido, y si tienen mascota, traten de sustituirlo por un ser humano con el que involucrarse afectivamente de verdad. Hay millones necesitados de cariño y por el simple hecho de que fueron creados a imagen y semejanza de Dios, me parecen bastante más interesantes que un hámster o un perro.  

Que pasen una feliz semana.

Pablo Martínez Iturriaga
Acerca del Autor:
Licenciado en Economía, actualmente cursa Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. Premio Ebro-Puleva al mejor artículo de periodismo económico.
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