 Esta semana les doy un respiro momentáneo a mis muy estimados lectores con el tema del 11-M para hablarles también de Madrid, pero esta vez de sus orígenes como capital de España que como verán es lo mismo que hablar de los pecados originales de nuestra España querida. Pasen y vean.
Para cuando Madrid se constituyó como sede de la Corte con Felipe II, las capitales de las potencias rivales europeas como podían ser Paris, Londres, o incluso Lisboa, llevaban siglos de ventaja a Madrid en cuanto al hecho de ser la capital de sus respectivos reinos. Puestos a elegir bien creo que lo suyo hubiera sido que Felipe II se quedara donde estaba antes de irse a Madrid, es decir en Toledo, que además de céntrico e importante, era la capital histórica de la España anterior a la invasión musulmana. Permanecer en Toledo hubiera sido el broche de oro al largo proceso de la reconquista. El problema creo que estaba en que al ser Toledo la sede del arzobispo primado de España, el Rey prefirió elegir un sitio que además de céntrico no tuviera vecinos tan incómodos como lo podía ser el “cuartel general” en el mismo Toledo de la entonces todopoderosa Iglesia Católica en la España del siglo XVI. La historia de España es la de la chica que nunca fue tu novia o la del coche que nunca tuviste. Siempre igual. Podría haber sido Toledo con su sentido histórico, su rico patrimonio y su río Tajo, pero tuvo que ser Madrid. A lo mejor fue porque el propio Felipe II no tenía intención de establecer en Madrid la sede definitiva de su corte, sino más bien esperar en su alcázar medieval a que terminaran las obras en El Escorial del nuevo mega palacio (a la vez que monasterio y panteón dinástico) para su corte. De hecho en 1561 se trasladó la corte desde Toledo a Madrid y en 1563 se puso la primera piedra de El Escorial. Y es que, aunque Madrid no fuera un pueblo cualquiera, tampoco era un lugar que impusiera el debido respeto a quien la pisaba como sí pasaba con Toledo. Quizás porque desde el principio no se tomó en serio a Madrid como la capital definitiva de España, a Madrid no se le ha tratado con el debido respeto, situación que arrastramos hasta nuestros días. Pero a lo hecho pecho y ahora toca arreglárnoslas en el presente. En Madrid se vive muy pero que muy bien, con dinero claro está, como en todas las grandes ciudades. Sin embargo, Madrid se está haciendo invivible hasta para los más ricos escapándose estos a La moraleja o a las urbanizaciones del oeste de Madrid. Buena parte de la élite Madrileña ya no vive en el barrio de Salamanca sino que se ha desplazado a estos lugares fuera de Madrid, quedando el barrio de Salamanca relegado al puesto de clase media-alta. Los habitantes de las nuevas urbanizaciones prefieren un remanso de paz apartado de la agobiante ciudad, a pesar del sacrificio de tener que desplazarse continuamente en coche hasta para comprar una barra de pan o el periódico. El inmigrante irregular que vive en el centro tiene a la puerta de casa una oferta de bienes y servicios que ya les gustaría tener a los hijos adolescentes del que está asentado en una urbanización fuera de Madrid. No se puede tener todo. Sin embargo creo que hay muchas cosas que se están haciendo mal en Madrid y que de rectificarse podrían ayudar algo. El caos urbanístico de Madrid y sus consecuencias en el tráfico tienen ya mal arreglo. Casi ningún barrio tiene un trazado ortogonal, impidiendo al conductor cruzar la ciudad si no es a través de la m-30, el Paseo de la Castellana y poco más ya que las rectilíneas calles de barrios como el de Salamanca se acaban en el límite del barrio. El resto es un batiburrillo de casas edificadas sin ningún orden entre las cuales queda un espacio deforme que es una calle, sí, pero intransitable para el conductor que quiera utilizarla como ruta para atravesar la ciudad sin tener que circular a treinta km por hora o perderse en el intento. Cuando se instaló la corte en Madrid, el casco urbano tenía una forma más menos circular cuyo diámetro iba desde el alcázar (hoy Palacio Real) hasta la actual plaza de la Puerta del Sol, que por eso se llamaba “Puerta” porque era la entrada por el este de la ciudad. Aunque cueste creerlo, así de chiquitito era Madrid. Si entonces se hubieran tomado en serio que Madrid era la nueva capital de España, podrían haber organizado un trazado racional para los nuevos barrios y calles que previsiblemente se añadirían en muy poco tiempo al núcleo urbano original. En vez de esto, se apelotonaron de forma desordenada en torno al casco viejo nuevas manzanas de casas entre las que quedaba un espacio para el tránsito que hoy son las caóticas calles de la zona centro de Madrid. Con este esquema de crecimiento, al final del siglo XVI Madrid había casi triplicado su extensión ensanchándose hacia el norte, el sur y el este. Hacia el oeste no porque estaba la abrupta cuenca del río Manzanares. Y así creció Madrid prácticamente hasta la llegada de los ensanches burgueses del siglo XIX, que por otra parte pronto paralizaron su crecimiento ordenado para dar lugar de nuevo al caos urbanístico. Y yo digo: Si treinta años antes de que Felipe II viniera a Madrid, ciudades como Puebla de los Ángeles (hoy Puebla de Zaragoza) o la ciudad de México, situadas en el lejanísimo Virreinato de Nueva España (hoy México) fueron fundadas por españoles iguales que los de Madrid, ¿por qué estas contaron desde el principio con un trazado ortogonal que a día de hoy impresiona por su exactitud y en cambio en la capital del Imperio fueron incapaces de hacer las cosas con un poco de orden? Cuando digo que la corte de Felipe II no se tomó a Madrid en serio, es por algo. Y cuando digo que hoy seguimos sufriendo las consecuencias, es además de por lo que he contado en este artículo, por lo que contaré Dios mediante en el de la semana que viene. Que pasen una feliz semana. |