Madrid 2016 PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Enrique García Tamargo   
martes, 06 de octubre de 2009

ImageRevuelto andaba el panorama mediático las últimas semanas, pendiente de la concesión a Madrid de los juegos olímpicos de 2016. Alguno podría pensar que no teníamos preocupaciones mayores, estando como estamos agobiados por la crisis, traducida en más de cuatro millones de parados, así como asustados por una salvaje subida de impuestos que anunciaba el otro día este gobierno que los españoles sí hemos elegido. 
 
Hete aquí que ocurrió lo esperado según dejaron bien claro ciertos entendidos hace ya algún tiempo. Madrid no tenía nada que hacer por una serie de razones evidentes, dijera lo que dijera la opinión publicada, que no es lo mismo que la opinión pública. Conocido el resultado y como contraste a tanto lloriqueo de autoridades bien alimentadas y mejor alojadas con los dineros que legalmente nos quitan, el personal de a pie, por lo general, no hizo más que expresar un alivio más que notorio, como se pudo leer en casi todo foro de Internet. Lo que confirma una vez más, lamentablemente, que opinión pública y opinión publicada difieren frecuentemente mucho más de lo debido.
 
Que nadie se equivoque, porque en condiciones normales  está muy claro que la organización de unos juegos olímpicos es un gran acontecimiento para cualquier país, siendo por tanto muy lógico que la presentación de una candidatura despierte una ilusión colectiva. España organizó hace no mucho unos juegos olímpicos y muchos modestamente podemos dar fe en lo personal de que resultó una experiencia extraordinaria, así como un indudable éxito deportivo compartido por todos los españoles. 

La discutible secuela vino dada porque el éxito de Barcelona 92 convirtió la presentación de candidaturas olímpicas en algo así como una manía de nuestros políticos,  muy empeñados todos ellos en distraernos con jolgorios varios, mientras se mantienen en sus puestos a pesar de su dudosa capacidad para resolver los problemas importantes, que ciertamente no son las Olimpiadas. En 2004 y 2008  nos aburrieron con las fracasadas candidaturas de Sevilla, para  continuar después con la presentación de candidaturas  de Madrid para las citas de  2012 y 2016, que han obtenido el mismo resultado. Por el medio quedaron proyectos faraónicos y numerosos dispendios de los que solo unos pocos se beneficiaron. ¿Es que para superar nuestras crisis no sabemos pensar en otras iniciativas distintas de la organización de espectáculos bien pagados con fondos públicos? Parece ser que no; se comprueba una vez más que la costumbre romana de distraer al pueblo en los malos tiempos con espectáculos circenses sigue tan viva como hace dos mil años. 

Puestos a reflexionar, no estaría de más recordar que la exitosa organización de las olimpiadas de 1992 no evitó la crisis en la que ya se estaba por entonces y que continuó hasta que en 1996 un nuevo gobierno tomó decisiones que permitieron corregir un rumbo desastroso de nuestra nación. En 2009 vivimos otra crisis, ocurrida mientras gobiernan los mismos que nos condujeron a la adversa situación de mediados de los años 90, la cual resulta todavía peor, según confirman los diagnósticos dados por las organizaciones internacionales, y que, por otro lado, destacan la singularidad de nuestra situación, mucho más grave y previsiblemente duradera que la de otros países. 

Por eso uno entiende y comparte la opinión de tantos españoles a quienes el fracaso de la candidatura no supuso precisamente motivo de la más mínima preocupación. Las ambiciones personales del señor Ruiz Gallardón – con su coro de autoridades más o menos interesadas, aunque por causas diferentes - no pueden traducirse una  vez y otra en costosos intentos que no van a solucionar los gravísimos problemas económicos, territoriales y sociales en los que estamos metidos. Que quieren que les diga; a uno le habría ilusionado más haber leído estos días la noticia de la concesión de un premio Nobel de Física, Química o Medicina a un investigador español cuyo trabajo se localizara en un centro de investigación nacional. Seguiré esperando sentado por ello. Sin embargo, la ausencia de tal noticia, que no vemos desde bastante más atrás que Barcelona 92, no parece ser una preocupación de nuestras autoridades, ni de nuestros medios de comunicación.


Enrique García Tamargo
Acerca del Autor:
Nacido en Oviedo en mayo de 1969. Ingeniero de Minas dedicado al ejercicio libre de la profesión.
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