 En la boda del Príncipe Felipe y Doña Leticia, la abuela de ésta causó una gran sensación a leer el siguiente pasaje de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios: “Hermanos, ambicionad los carismas mejores y aún os voy a mostrar un camino mejor. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de la predicación, y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener una fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y aun dejarme quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia. El amor no presume ni se engríe, no es maleducado ni egoísta. No se irrita ni lleva cuentas del mal. No se alegra de la injusticia sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.” Palabra de Dios.
La forma apasionada en que leyó este texto, auténtico hito de la literatura universal, provocó la admiración de la gente no sólo hacia el talento como locutora de la abuela de Doña Letizia, sino muy especialmente hacia la Sagrada Escritura. Pueden escuchar aquí cómo los comentaristas de la SER se quitaban la palabra unos a otros para describir la situación en directo: ¡qué importante es la liturgia de la palabra! dijo uno de ellos. Efectivamente, este pasaje así como otros muchos de las cartas del apóstol de los gentiles sigue impresionando al lector a dos milenios de distancia. Por mucho que Dan Brown o ahora Amenábar se empeñen con sus películas y libros en decirnos lo contrario, el mundo pagano para el que Jesús y Pablo de Tarso predicaron, era un mundo de salvajes. La cultura pagana tenía de los griegos la capacidad para distinguir la verdad de la mentira, de los romanos la de distinguir lo justo de lo injusto, pero la capacidad para distinguir el bien del mal y con ello el nacimiento de una nueva humanidad basada en el amor al prójimo, llegó de la mano de Jesús y sus seguidores Pablo de Tarso en éste y otros pasajes rompe los esquemas del hombre predicando el amor compasivo hacia el prójimo, la delicadeza con la que los maridos han de tratar a sus mujeres, o incluso el respeto ejemplar hacia las autoridades civiles. Más aún, sienta las bases de lo que hoy en día son las normas de comportamiento social que desde nuestra subjetiva visión occidental vemos como buenas o ideales: La monogamia, la cortesía hacia las mujeres, el civismo, la solidaridad, el saber perdonar, etc. Y ¿qué tiene que ver todo esto con los homosexuales? En lo que nadie ahora quiere fijarse, es que en la misma carta a los corintios que leyó la abuela de Letizia y que tanto nos gustó, podemos leer también en su capítulo 6 y versículos 9 y 10: ¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.¹ Si la moral que aprendimos del cristianismo nos enseñó el amor al prójimo, el cuidado de los débiles o la honestidad, también nos advirtió de lo aborrecible que la homosexualidad resulta a ojos de Dios, ¿me pueden decir en base a qué criterio debemos rechazar las enseñanzas cristianas en lo que a la homosexualidad se refiere pero no en cuanto a la compasión, o la dignidad de los niños? Si tomo como no válido lo que la Sagrada Escritura dice de la homosexualidad, ¿por qué no debo dejar de ver válido lo que la misma Sagrada Escritura dice de la importancia del trabajo bien hecho o de lo maligna que es la envidia y la ira? El positivo impacto que el cristianismo tuvo en este mundo ha venido por la adaptación del mundo al cristianismo y no al revés. Si en lo relativo a la homosexualidad intentamos adaptar el cristianismo a los dictados del mundo, no tardaremos mucho en hacer lo mismo con lo que el mundo diga sobre el valor de la vida humana (como de hecho ya hacemos con el aborto y la eutanasia), sobre la honradez (véase la indiferencia de los votantes ante la corrupción de sus representantes políticos), o el respeto a la mujer (mucha postmodernidad y LOGSE pero ahí están el caso Marta del Castillo, el caso Sandra Palo y la violencia doméstica que no cesa). Más preocupante si cabe me parece la fuerza que el lobby gay y sus cómplices tienen a la hora de aplastar cualquier voz que ponga un solo “pero” a sus reivindicaciones. En el cine si vemos un personaje al que no le gustan los homosexuales como el “Marine” de American Beauty es porque en realidad es un homosexual reprimido que está enfermo. A la reciente ganadora de Miss California, le retiraron la corona por responder a un periodista que le preguntó sobre su opinión de los matrimonios gays, que la unión de un hombre con una mujer es el verdadero matrimonio. Al periodista y escritor Cesar Vidal le amenazaron de muerte a él y a la iglesia evangélica en la que se congrega por denunciar en su programa radiofónico la utilización de niños por parte de colectivos gays en campañas de promoción de la homosexualidad. Por último al pastor evangélico Rick Warren no cesan todos los días de acusarle de “activista anti-gay” y “homófobo” por predicar en su iglesia que el matrimonio para Dios es la unión de un hombre y una mujer. Ya sé que ahora quedaría muy bien decir “yo conozco a varios homosexuales y me llevo bien con ellos bla bla bla bla…” pero es que es verdad. Porque alguien sea homosexual yo no me siento menos pecador que él y por tanto no veo motivos para expresarle repulsa o rechazo. Vivimos en un país libre y yo respeto al máximo los derechos civiles y las tendencias sexuales y afectivas que todo el mundo pueda tener, pero sinceramente creo que en lo que respecta a la adopción de niños y matrimonio, nos hemos pasado de modernos. Me siento muy escandalizado (y creo que no soy el único) al saber que un niño desde su más tierna infancia verá como su papá con quien se mete en la cama es con otro hombre, o su mamá con otra mujer. La misma moral que me hace sentir asco hacia unos políticos y periodistas que no quieren saber la verdad sobre quien mató a 192 personas el 11-M, es la moral que me produce la misma sensación de asco cuando me imagino a un niño en semejante situación. Hace un año, paseando por el Retiro me acerqué a una calle adyacente a ver qué era la música tan alta que oía desde el parque. Me encontré con la marcha del orgullo gay. Reconozco que visualmente me impactó ver a tanta gente con apariencia de estar a punto de explotar. Había famosos en las carrozas pero no me acerqué demasiado ya que con la poca ropa que llevaban los hormonados bailarines, a saber con qué fluido corporal podían salpicarme. En fin, orgullo gay, qué guay, pero no sé cuántos de los padres de los allí presentes están orgullosos de que a sus hijos les guste acostarse con otros hombres y nunca les den nietos, por lo que el hinchazón de orgullo de unos se ve compensado por el bajón de los padres y así el nivel de medio de orgullo en nuestra sociedad permanece constante. En la marcha del orgullo gay de este año vi en una foto de la prensa que Rosa Diez se dio un baño de masas. Funesto presagio. Poco después Mikel Buesa, anunció su partida de UPyD por el comportamiento dictatorial de ciertos trepas dentro del partido. Mikel Buesa es de los pocos economistas en España que se han ocupado de analizar lo injusto y perjudicial que es el actual sistema de financiación de las Autonomías, especialmente en el País Vasco. Pues trepillas de medio pelo han acabado con una piedra angular de UPyD. Rosa Diez, ¿dónde estabas para evitarlo? En la marcha del orgullo gay. Por último aprovecho para recomendar a la Familia Real que dada la influencia del lobby gay, en la próxima Boda Real, lean no sólo el pasaje que leyó la abuela de Letizia sino también el que yo cito en el que Pablo de Tarso dice lo que te pasa en la otra vida si eres homosexual, no vaya a ser que algún miembro de la futura o actual Familia Real se cambie de acera sin saber las consecuencias que ello debería tener en el cielo para alguien de su fe católica. Hasta la semana que viene. ¹ Biblia de Jerusalén. Editorial Española Desclée de Brower, S.A., 1976 |