La cobardía es humana, demasiado humana; responde al poderoso instinto de conservación y el cristianismo enseña que Pedro negó tres veces a Jesús en aquellas terribles horas de la Pasión. Pedro lloró, Pedro se avergonzó; y el resto de su vida fue valiente, y murió como Jesús, crucificado. Ser cobarde no es una tragedia, es una debilidad superable como la del héroe de Las cuatro plumas, esa admirable historia de redención.
El caso del heroico profesor Jesús Neira Rodríguez nos enseña que ser ciudadano es una cuestión de actitud más que de leyes. Neira defendió a una mujer maltratada; el agresor dio más tarde una paliza a Neira; la interesada dice ahora que su agresor, su churri, es en realidad un pedazo de pan y que la culpa de todo la tuvo Neira, que hoy se debate entre la vida y la muerte en un hospital por tratar de ayudar a quien no quiere ayudarse. A Jesús Neira lo he visto cuatro veces en mi vida, y no me ha extrañado en absoluto su comportamiento. Hace unos años, me tocó presentar a Jesús en un cenáculo. Fue todo un éxito, porque si a veces no resulta fácil presentar a una persona resulta en cambio muy cómodo presentar a una personalidad. Y es que Neira no se limita a publicar artículos en las revistas especializadas, esas revistas que sospechamos que nadie lee, ni siquiera los especialistas, sino que con frecuencia firma artículos de opinión en diarios de ámbito nacional, que esos sí los leemos muchos; y cuando Neira habla, dice siempre su verdad, y se le escucha... Más allá de las cuestiones de actualidad, digamos que al profesor Neira siempre le ha interesado la conexión entre el poder político y el judicial. La primera vez que le oí a alguien expresar el concepto de golpe de estado judicial, fue a nuestro héroe, comentando la reforma del Poder Judicial, en los primeros años de Felipe González. Jesús siempre dice lo que piensa, como los antiguos persas. Cuando el linchamiento del juez Gómez de Liaño a manos del polanquismo, Neira dijo lo que tenía que decir, y quisieron buscarle las cosquillas. Ahora Estrasburgo ha condenado a España por la falta de garantías que sufrió Liaño, mira tú por donde... Neira también es un especialista en el estudio del lenguaje político, y su tesis doctoral consistió en un análisis lingüístico del discurso prefascista de Antonio Goicoechea y su influencia en el discurso de Primo de Rivera. Hace años me reí a carcajadas leyendo un análisis suyo sobre el discurso de un candidato socialista y siempre que he tenido ocasión de hablar con él, ¡cuido mi lenguaje! Lo sucedido con Jesús Neira debiera iluminarnos. Por ejemplo, debiéramos empezar a entender que la Ley no puede sustituir la acción o inacción de las personas; la Ley no puede expresar la voluntad de nadie, como mucho puede considerar que determinadas personas en determinadas situaciones no son libres de expresar su voluntad. Por eso nuestro sabio Derecho Penal había previsto el delito de estupro: si te acostabas con un menor, daba igual el consentimiento del menor, se daba por supuesto que por su edad ese consentimiento era irrelevante. Más tarde, los progres acabaron con el delito de estupro, porque había que proteger a los amiguetes pederastas. En el caso de las agresiones a mujeres, la mal llamada “violencia de género”, se establece un contrato perverso entre el verdugo y su víctima, una verdadera complicidad donde no se sabe quién llega más al fondo de la indignidad humana, quien muestra más signos de degeneración. Esa rendición enfermiza que las víctimas llaman amor consiste en negar la realidad y en encubrir los actos de su verdugo, una y otra vez. Hay mujeres maltratadas que no sólo callan cuando les pegan, sino que se convierten en cómplices necesarias de otros actos criminales de sus parejas, como por ejemplo la violación de sus hijas. Siempre que un padre viola a sus hijas, la madre es cómplice y calla. Son madres degeneradas. Y no es culpa suya; es que el miedo acaba con cualquiera; el miedo prostituye, desmoraliza, despersonaliza. No debemos pensar que se trata de casos particulares. Los que conocemos bien las provincias vascas sabemos perfectamente que esa tendencia a la máxima cobardía puede afectar a toda una sociedad. La cobardía cuando supera todos los límites, conlleva una degeneración. Y la sociedad vasca no puede degenerarse más, es el arquetipo de la inversión de valores. En las provincias vascas el miedo es una de las dimensiones de la vida, un elemento constitutivo del carácter de jóvenes y mayores. El caso de Neira nos recuerda que conceder derechos a quienes sufren maltratos es un error, no en la intención, sino en el método.

El caso de Neira nos recuerda que conceder derechos a quienes sufren maltratos es un error, no en la intención, sino en el método.
Para proteger a una mujer maltratada, por ejemplo, hay que quitarle derechos, hay que considerarla como capidisminuida, como menor de edad a todos los efectos, para poder defenderla a pesar suyo. La necesaria y urgente intervención en el País Vasco requiere de un mismo enfoque: no se puede considerar como adulta a una sociedad degenerada. En el País Vasco no se pueden celebrar ni referendos ni elecciones ni siquiera un sondeo acerca de si a la gente le gusta más el colacao que la cerveza, porque los vascos están muy malitos, muy enfermitos de cobarditis aguda.Otro punto que debemos reconsiderar es la ausencia de educación cívica en nuestros colegios. Se educa a la gente en los colegios para decir lo que tienen que decir: hace cincuenta años les embutían Formación del Espíritu Nacional; ahora engullen Educación para la Ciudadanía; mañana repetirán las aleyas del Corán. Repetir como loritos y, por encima de todo, no pensar; a eso llaman educar. Nadie educa a los niños para que digan lo que sienten, para que digan la verdad, la suya. Formamos borregos, cabestros que toda su vida seguirán la recta línea que otros les tracen, gente apocada que se apuntará a pandillas para sentirse algo o alguien, que ligará en Internet porque no se atreve a asumir un “no” en directo, que dejará martirizar a un compañero para no dar la nota, defendiéndolo. Por eso el ejemplo de Jesús Neira es tan importante, porque nos recuerda que hay una alternativa a la cobardía y a la complicidad, que esa alternativa es dura, que te puedes jugar la vida, que puede salir muy caro decir "no" cuando todos los demás dicen que “sí”. Jesús Neira ha seguido toda su vida la senda del honor y del valor, la que siguieron antes que él Tomás Moro o Maximiliano Kolbe, la senda de la tercera España, la de Clara Campoamor, Oscar Esplá y Julián Marías; la senda de los valientes del Foro Ermua o la AVT; la senda de todos aquellos que, con el ejemplo de su valor, dignifican nuestras vidas y nos redimen de nuestra cobardía. |