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Federico Trillo o la gallardía Imprimir E-Mail
Colaboraciones
Escrito por Francisco Alamán Castro   
jueves, 20 de marzo de 2008

ImageEl ex ministro de Defensa Federico Trillo ha declarado que la responsabilidad de la contratación del avión Yak-42, era del Estado Mayor Conjunto (EMACON) y que él no tuvo ninguna competencia en este asunto… El ex ministro asegura que… se atribuyen las facultades de contratación al jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD)”. LNE, 20-3-8.

Desgraciadamente las Fuerzas Armadas han tenido unos muy lamentables ministros de Defensa, a excepción del señor Rodríguez Sahún que lo fue muy bueno. De todos el más lamentable había sido el señor Trillo, solo superado posteriormente y con amplia holgura por el señor Bono.

 

Es poco noble quitarse las pulgas de encima. Habría que oír al JEMAD, porque si sigue el camino del valiente ministro, que para desgracia de la FAS fue capitán jurídico de la Armada, que no lo seguirá, acabarían las culpas en el cabo furriel.

Es aun más innoble en el señor Trillo tan aficionado a colgarse medallas ajenas.

 

Sí es el ministro responsable de todo lo que pasa en su ministerio, cobra por ello.

 

Como lo es el capitán de todo lo que pase en su compañía, también cobra por ello, aunque menos. Era, es y será obligación y responsabilidad del ministro, y de cualquier militar honrado, vigilar el exacto cumplimiento de lo mandado. Ahí y en revoltijo de muertos que se organizó.


Posiblemente las responsabilidades de todos serán menores, pues esos aviones eran contratados por otras naciones de la OTAN habitualmente, sin que hubiese habido quejas sobre su seguridad. Sí sobre otras cosas. Deja la conducta con la FAS del señor Trillo bastante que desear ya desde que era capitán, cierto que en la Armada estuvo escasos cuatro años, de los cuales gastó bastante tiempo, me dicen destinado con su padre, el general Jurídico Trillo Figueroa en Madrid, en la preparación de las difíciles oposiciones al cuerpo de Letrados del Consejo de Estado, a las que tanto jugo sacó.

 

La trayectoria de este que fue joven capitán es de lo más coherente. En el ABC de 6-1-82 contaba a los españoles: “Las restricciones que las Reales Ordenanzas, con dudosa ortodoxia constitucional, imponen a la libertad de expresión de los militares”. Les advertía a los políticos “la disciplina no puede ser utilizada… para situar a los militares en una “campana de cristal” desde la que se limiten a ver, pero no a oír ni ser oídos”. Parecía amenazar: “No se debe forzar al militar a que tenga que “romper la campana de cristal para ser oído”. Y daba la solución: “Si se quiere hacer un Ejército de “ciudadanos de uniforme” -conforme al paradigma de los Estados más democráticos- habrá que comenzar por hacer de los militares profesionales auténticos ciudadanos, iguales en derechos a sus compatriotas”.

No hay nada que aclarar. Ha hecho todo lo contrario.

 

Nunca fueron tan perseguidos los militares por hacer uso de su constitucional derecho fundamental de la libertad de expresión. Nuca por hacer uso de su constitucional derecho fundamental de la libertad de asociación, a pesar de sentencia 219/2001 del Tribunal Constitucional que lo confirmaba, precisamente siendo ministro el antiguo joven capitán Trillo.

 

Resumiendo, nunca fueron los militares menos “ciudadanos de uniforme”.

 

Es de destacar la última guinda, en cuestión de derechos fundamentales del militar, como lo es, fundamentalísimo, el vivir con su familia, que nos dejó el señor Trillo:

Reglamento de Destinos. Art. 16-1-j. Causas para no poder ocupar un destino: “Ser cónyuge o mantener análoga relación de afectividad, así como tener relación de parentesco hasta segundo grado de consanguinidad o afinidad con otro militar profesional destinado en la misma unidad, centro u organismo”.

 

Adiós a los arts. 32.1 y 39 de la Constitución qué tan bien nos hablaban de la familia.

 

Ejemplo sencillo: hay un coronel destinado en Oviedo, su mujer es capitán y tienen un hijo o hijos que tienen la ocurrencia de ser militares. Son todos de Oviedo (o de una, del 90% de las guarniciones, en las mismas condiciones que hay en España) y están encantados de serlo. Ni su mujer ni su hijo o hijos pueden ser destinados a Oviedo. La mujer, que no quiere dejar su muy bonita profesión, se va a León para estar cerca. Su hijo, claro, no puede estar con ella y se tiene que ir a Valladolid y así sucesivamente podemos llegar hasta Lanzarote. Les queda el consuelo de que cuando el coronel pase a la Reserva, ya madurito, podrá vivir con uno de los otros, y no les digo nada cuando pase su mujer. Todos juntos ya, con uno de sus hijos, no con los demás si son militares. ¡Va a ser la Gloria! A no ser que el señor ministro actual tenga otra ocurrencia.

 

Esta canallada la ha hecho Trillo del PP, pero el PSOE está encantado con el asunto y así sigue.

Esto supone que el señor Trillo tenía la seguridad, tal vez por la facilidad que tuvo estando destinado con su padre para preparar su dura oposición, qué el militar iba a favorecer (prevaricar) a sus parientes cercanos, ¡ni que fuesen políticos! Para evitarlo, el celoso ministro, ya le condena de antemano a que no viva con su familia. ¿Se puede concebir mayor barbaridad?

 

No todos los militares somos como su señor padre ¡Gracias a Dios!

 

¿No sería más lógico, honrado y legal esperar qué el militar prevaricase? Y cuando lo hiciese condenarle, seguro con la aprobación de sus compañeros.


Francisco Alamán Castro
Acerca del Autor:
Coronel de Infantería retirado
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