Los últimos días de agosto se sorprendieron con la excursión peripatética del presidente Zapatero por los Picos de Europa. Escaso esfuerzo, a pesar de los contrapicados de la cámara destinados a magnificar su imagen enfrentada a los abismos que surcaba el monclovita. Mucho me parecen seis horas de trotar, como las cabras, para quien aún levita por las finas playas andaluzas. Su grácil figura, alejada del deporte regular, más se acerca a la proyección tísica de los románticos del siglo XIX. Quizá esperase aumentar su hematocrito en las montañas con la vana esperanza de aportar más oxígeno a un cerebro comprometido. No parece que, la sagacidad clínica de su ministro del ramo, consiga mejorar su condición física y resolver el mosqueo de los galenos.
Aunque poco se puede esperar de quien apellidándose Soria procede de Alicante. El primero de sus despistes. Las sospechas sobre su currículo, del Ministro de Sanidad, ampliamente difundidas, no han achicado la voluntad presidencial, probablemente por su hipoxia crónica que pretendió aminorar en Posada de Valdeón. La retahíla de agravios, y la astenia de Don Bernat Soria, dan para redactar un tratado de Gestión Sanitaria a impartir en las Escuelas de Negocios dedicadas a los asuntos de la salud. Aún se desconoce cómo hará notar, el ministro saludable, su presencia en el transferido Instituto de Salud Carlos III, la joya de la corona sanitaria, hoy en día bajo las directrices de la Ministra de Ciencia e Innovación, quien, en un ir y venir, le ha recortado los rizos a la ministra de Educación arramblando con la Universidad para integrarla en el organigrama del ministerio. ¡Olé tus bemoles, José Luis! Pero a lo que iba. No hay nada como la descentralización panfletaria de la nación para sumirnos en un descontrol sanitario de dimensiones epidémicas, algo así como la gripe española de 1918 en la que aún persisten investigadores americanos. Las disonancias, y los acuerdos imposibles, adquieren forma menor en los intentos de diseñar una tarjeta sanitaria de uso en todo el territorio nacional, tal es así que la Organización Médica Colegial, la denostada OMC por los reduccionistas del PSOE en la confusión galopante de reducción y reduccionismo, resolverá antes el problema. ¿Cómo dar forma a la historia clínica digital si son incapaces de ordenar un chip en un trozo de plástico? ¡Pero nada, todo bien, don Bernardo timonea el ministerio con el turrón de alicante a dos meses de las navidades! ¡Qué importa el interés de algunas CCAA en que pase usted por caja antes de prestarle atención sanitaria si se halla desplazado fuera de su región de origen! ¡Acoquine que le reembolsaran a la vuelta! Así va la igualdad entre españoles. Los desbarajustes que tienen lugar en Paseo del Prado 18, les incapacitan para elaborar un informe que elevar al Ministerio de Economía a cerca de las necesidades financieras del Sistema Nacional de Salud, en los plazos estipulados. Probablemente haya de ajustar los cálculos de coste de personal al reconocimiento de las competencias profesionales de los médicos extracomunitarios, cuya evaluación habrá de expurgarse tras sellos y tampones de países de dudoso procedimiento administrativo. Tal es la necesidad que, con un poquito de suerte, algunos de ellos dispondrán del OK (zero killed) de nuestras autoridades sanitarias con un training de tres meses. También puede vacunar a sus infantes según sus apetencias. Solo ha de cambiar de Comunidad Autónoma para contrastar lo que se afirma; cómo si los virus y las bacterias precisasen de una suerte de pasaporte autonómico. Tal información es sencilla de apreciar con la ayuda de don Google. Por eso, el profesor don Ildefonso Hernández Aguado se siente feliz de firmar un manifiesto, recogido en el diario El País, a cerca de las limitaciones de la famosa vacuna del Virus del Papiloma Humano (VPH); después, mora de residencia aceptando el cargo de Director General de Salud Pública y Sanidad Exterior del mentado ministerio, sonriendo ante los benéficos réditos de tal iniciativa inmunizadora. Otro Catedrático de Medicina de la Universidad Miguel Hernández, también de tierras alicantinas, dando lustre a don Bernardo. Ya lo dice el dicho popular, y que me comprenda la gente de bien...¡tira p´alante como los de Alicante! Entre tanto se preocupa del asunto del aborto apoyándose en doña Leire Pajín mostrando las estadísticas crecientes del aborto bajo el gobierno del PP, con la simplicidad de quien revisa la lista del supermercado. Por eso, ante la proximidad de las compras navideñas, los dineros públicos subvencionan cursos de “Empaquetador de Regalos” que publicitan en la prensa regional. Y van... |