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Democracia Sostenible Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Luis Español Bouché   
lunes, 25 de febrero de 2008

Las únicas democracias reales y sensatas que conozco son la helvética, del todo ejemplar, o la del Ateneo de Madrid, último refugio de la libertad donde todos los años se forman candidaturas libres con listas abiertas. Fuera del reducido territorio suizo o del minúsculo ámbito del Ateneo, el resto del Universo es pasto de fuerzas profundamente antidemocráticas y de ese cáncer que llamamos “voto útil”, primo del “voto del miedo” y cuñado del “voto de castigo”. Algún día, el verdadero progreso permitirá el triunfo del “voto sincero” y que la gente vote en función de sus gustos y no de sus miedos o de “lo que cree que tiene que votar en función de lo que cree que va a salir”. Podemos soñar…

Aunque milito en un partido al que desde luego pienso votar, mi condición de ateneísta y liberal a machamartillo me obliga a repasar las candidaturas y programas de todas esas formaciones que ofrecen una alternativa al aburrido bipartidismo. Y a veces se aprende algo. Por ejemplo, que hay dos tipos de candidatos: aquellos que tienen una posibilidad cierta o probable de alcanzar un cargo e incluso un sueldo, y aquellos otros que podríamos llamar candidatos decorativos. Los pragmáticos o profesionales de la cosa política, intentan colocarse en el ayuntamiento de San Trincón de la Parcela, aunque sea de modestos concejales, sabiendo que algo caerá, aunque sólo sea la satisfacción de ser cabeza de ratón. Los de la cola de león encabezan la lista al Senado por Madrid de sus modestas formaciones, que jamás de los jamases les proporcionará nada concreto, como no sea una palmadita en la espalda y un “tú si que vales, machote”.

Por si alguien no lo supiera, en España la carne de senador se cotiza más que la de diputado y la de las provincias muy pobladas está por las nubes. Por ejemplo en Madrid los cuatros senadores, Pío García-Escudero (PP), Juan Barranco (PSOE), Alejandro Muñoz-Alonso (PP)  y María Rosa Vindel (PP) tuvieron que sacar 1.507.686 votos el primero, 1.483.948 votos el segundo, 1.478.905 el tercero y 1.476.576 la cuarta. O sea, una media de millón y medio de votos, con una diferencia del 2% entre el más votado y el menos votado de los senadores electos.

¿Qué partidos pueden sacar millón y medio de votos en Madrid? PSOE y PP. Los demás ni se acercan y podrían perfectamente renunciar a presentar listas propias al Senado en solitario en esa Comunidad porque desde el punto de vista práctico esas listas sólo tienen el carácter testimonial o artístico de la música celestial. Te permiten decir: “he presentado listas en toda España” y te quedas la mar de a gusto y te acabas la caña y los panchitos.

Por eso siempre me ha parecido que esos candidatos a la Nada electoral merecían ser estudiados. Están los locos furiosos, claro está,  los bobos -solemnes o no- los narcisistas infantiloides, los cachondos que se divierten y los aprovechados que utilizan el sistema para captar alguna ayuda económica o una copia del censo; pero también hay gente valiosa que por un prurito de pundonor acepta encabezar una derrota garantizada, con el fin de airear sus siglas o de llamar la atención sobre sus ideas. Esos son los más interesantes.

Fisgando en las listas al Senado por Madrid, me he tropezado nada menos que con 38 candidaturas. Sólo pueden salir senadores de las del PSOE y las del PP. De las otras 36, abocadas a las tinieblas exteriores, hay varias carlistas, falangistas, ultracatólicas, de ultraderecha a secas, una macedonia de comunistas, trotskistas, y de ultraizquierda indefinida, una antitaurina, varias exóticas e inclasificables, otras de no-fumadores y deImage amigos del deporte, un par de listas “comuneras” y dos listas que llevan la etiqueta “los verdes”. Y es que siendo el verde el cuarto color electoral en la provincia madrileña, ya han conseguido escindirse.  Nada sorprendente en España: en un grupo de tres españoles, dos por lo menos constituyen el sector crítico. El destino de esas organizaciones se resume en el Principio de Democracia Perfecta de Mirameba: “Por cada elector, un partido; por cada partido, un militante; por cada militante, un candidato; por cada candidato, un voto”.

Le recomendaría al lector interesado que se diera un garbeo por las distintas páginas web de las candidaturas. La web de Acción Yuntar (¡AY!) nos informa que han decidido unir sus fuerzas con el partido Ciudadanos Agobiados y Cabreados. Mañana imagino que crearán la Coordinadora Masoquista. El Partido Social Demócrata ofrece como novedad el retorno a la política activa del Sr. Tamayo, el del “tamayazo”.

Muy reconfortante es la Unión Progreso y Democracia, el partido de Rosa Díez, que es a todos los efectos el partido de los intelectuales y artistas: cuenta con el apoyo de Savater, Boadella, Ibarrola y Vargas Llosa, nada menos, y tiene de candidato al Senado por Madrid a otro académico ilustre: Álvaro Pombo. El gran enigma del partido de Rosa consiste en saber quién la teme más o mejor dicho, a quién le va a raspar más votos, si al PSOE o al PP, aunque lo más probable es que la sutil dictadura del “voto útil” acabe reduciéndola a un guiñapo.

Lo que está claro es que Pombo sabe muy bien que no va ser senador, ni falta que le hace porque a quien se sienta en el mismo sillón “j” que calentaron antes las nalgas ilustres de Laín Entralgo o del duque de Alba, ¿qué más le dan las demás grandezas del mundo? Otro intelectual que sabe que no va a ser senador es el jurista José María Lancho que tanto ha luchado a favor de la protección del patrimonio sumergido, la salvación de los Pirineos o el software libre. Una pena que no lo aprovechen los partidos grandes. Encabeza como independiente la lista al senado por Madrid de Los Verdes-Grupo Verde, que te quiero verde. Y aquí empieza lo interesante.

Resulta que la candidatura encabezada por el abogado promueve un fascinante proyecto de democracia sostenible, colmando la brecha entre electores y elegidos, y pretende también abaratar el coste de las campañas. La propuesta de esa candidatura en Madrid reposa sobre una campaña de coste cero, recurriendo a las posibilidades gratuitas de Internet en lugar de la publicidad de pago. Reducir los costes electorales no es ninguna tontería: implica, por ejemplo, que no se necesiten tanto los desinteresados donativos de los mecenas del ladrillo. Un efecto inmediato de ese proyecto consistiría también en el ahorro de papel y por lo tanto de árboles que no se convertirán en octavillas ni en carteles. Pretende ser también una candidatura de no profesionales de la política y, sobre todo, y en esto reside lo original, ofrece en su portal la posibilidad para el ciudadano de integrar su opinión en el programa con los mismos mecanismos de programación abierta y participación vía Internet que han ido popularizándose estos años en la red. La gran revolución tecnológico-liberal tenía obviamente que llegar a la vida política algún día. Bueno, pues ya ha llegado. La verdad es que me parece una idea factible, barata e inteligente que otras formaciones debieran imitar. Si unos pocos, con minúsculos presupuestos, pueden ofrecernos una revolución, los demás también debieran poder. No veo qué perderían en tratar de averiguar, para variar, qué quieren de verdad sus electores.


Luis Español Bouché
Acerca del Autor:
Luis Español Bouché, (Madrid, 1964) es escritor y traductor. La mayor parte de su obra versa sobre temas históricos pero también es autor de ensayos sobre cuestiones de actualidad.
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