"¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures en dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.” “El señor de los anillos” - JRR Tolkien
La crisis económica se agudiza y empieza a tomar cuerpo el fantasma de la recesión sin que el antídoto gubernamental- no mentar la bicha , hacer como si no pasara nada y llamar aguafiestas y antipatriotas a los vigías sólo porque avisan del peligro- haya dado ninguna muestra de eficacia. Pero por gorda que sea la que se avecina, con todo, no parece que sea lo peor. La recesión no es nada en comparación con el desastre adonde a buen seguro nos conducirá, más pronto que tarde, una visión antropológica ampliamente difundida (y no desinteresadamente) por las estructuras de poder (gobierno, partidos políticos, medios de comunicación, bancos) desconectada de la realidad y alienante para el ser humano. Para esta visión el hombre es dueño y señor absoluto, todopoderoso, de tal modo que la realidad se pliega a su voluntad. No se trata sólo del “Dios ha muerto” y las espantosas consecuencias que, ante las carcajadas de sus conciudadanos, sólo el viejo loco fue capaz de ver: ¿Cómo pudimos bebernos todo el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar por completo el horizonte? ¿Qué hicimos cuando a esta tierra la desencadenamos de su sol? ¿Hacia dónde se mueve ahora? ¿Hacia dónde nos movemos nosotros? ¿Lejos de todos los soles? ¿No nos precipitamos constantemente? ¿Hacia atrás, hacia los lados, hacia delante, en todas las direcciones? ¿Hay todavía un arriba y un abajo? ¿No vamos errando como a través de una nada infinita? ¿No recibimos el soplo del espacio vacío? ¿No hace más frío? ¿No viene de continuo la noche y cada vez más noche? (F.Nietzsche) De lo que ahora se trata es de la sustitución de Dios por el hombre. Este es el armazón ontológico - negar la realidad y retorcerla hasta hacerla coincidir con el deseo o el capricho propio- de los “nuevos”derechos sociales y de la acción de gobierno de Zapatero. “Quiero” ser mujer, luego tengo derecho a serlo (la realidad, por grande que sea, no es una objeción); “quiero tener hijos con alguien de mi mismo sexo” aunque seamos dos papás ¡qué importa!; quiero ser guapa, luego tengo derecho a ser guapa; quiero, quiero, tengo, tengo...En cuanto a la acción de gobierno el problema es que se vende mucho mejor la mercancía del gracioso charlatán del viva la pepa que la del responsable riguroso que advierte de las dificultades. También aquel verano de la fábula la cigarra fue mucho más popular que la hormiga. Pero la realidad es tozuda. Y una visión antropológica que no se haga desde la experiencia y para la realidad está condenada al desastre. Es falso que el hombre sea autónomo, dueño y señor de sí mismo. Si algo nos enseña nuestra experiencia es precisamente lo contrario. Estamos hechos por “Otro”. Aparecimos aquí sin que nadie nos preguntara, sin ninguna intervención de nuestra voluntad. Y así será igualmente cuando nos marchemos. ¿Quién, por mucho que se empeñe, puede añadir un centímetro a la medida de su vida? Es verdad que el existencialismo afirmó la posibilidad del suicidio como la máxima prueba de la libertad del hombre. Pero ese es un camino- el que va de la nausea al suicidio- de angustia y destrucción. Y la justificación del Infierno. La libertad del hombre para decir “no”. Es trágico que se engañe a una mujer diciendo que puede disponer libremente de la criatura que crece en su vientre. ¿Y qué horrores no asoman por la puerta del “derecho a una muerte digna”? Si basamos nuestras vidas en el placer, el sexo y el consumo, ¿qué valor tendrá nuestra vida cuando no seamos capaces ni de lo uno ni de lo otro?; ¿para qué soportar los sufrimientos- y el alto coste- de la vejez? ¡Muerte digna a los viejos, a los enfermos, a los feos, a los gordos! ¿Cómo es posible que las personas no se rebelen contra una atrocidad así? ¿Es que nadie ha leído “1984” “Un mundo feliz” o “Señor del mundo”? |