La publicación de las balanzas fiscales autonómicas es una buena idea. Habrá aspectos negativos, sin duda, pero incluso éstos son relativamente menos negativos que la penosa circunstancia que es seguir ocultando la realidad de una España endémicamente improductiva. Y no dejará de serlo mientras la subvención –transferencias, en el argot ajustado a norma- siga impidiéndolo.
Ninguno de los argumentos contrarios a la publicación y debate entorno a lo que dan y reciben las regiones se sostiene al lado del mucho más importante de que la competitividad se da fuera de la red de seguridad que aporta la redistribución. En Asturias, Extremadura y otras regiones subvencionadas no se escucha otra cosa que un clamor ante la posibilidad de que se les exija a sus gobernantes un mayor rigor en sus cuentas, cuyo capítulo de dispendiosos gastos se eleva sin tasa a cuenta de la exacción fiscal de otras regiones. Y el aparato mediático, académico, sindical y empresarial que los sustenta señala torticeramente el hecho de que no son las regiones las que tributan en beneficio de otras, sino los ciudadanos productivos los que se solidarizan con los que no pueden serlo. Es cierto, pero este argumento no es aplicable al tema que nos trae porque, si bien es cierto que tributan las personas y son ellas las que reciben la prestación, también lo es que hacen ambas cosas en entornos geo-económicos gestionados por personajes que se mantienen con esa llamada “solidaridad interregional”.. Un joven que, dado un ejemplo harto repetido en la realidad, deba marcharse de Asturias para irse a Madrid o Valencia a desarrollar su trabajo y tributar, no tiene por qué ver cómo los políticos asturianos que perpetúan el estancamiento de su región de origen se ven beneficiados en mayor cuantía que los de la tierra que le acogió. Es cierto que los nacionalistas catalanes y vascos alimentan algunos aspectos de sus pretensiones. También lo es que otras regiones productivas no nacionalistas, sin sumarse ideológicamente a aquellos, sí reclaman menos flujo de riqueza para el resto de España. Todo esto molesta a las nomenklaturas de las regiones poco productivas. Pero tal hecho, en lugar de ser negativo para España es enormemente positivo. Deja a la vista las vergüenzas de los grupos de poder regional en el que se incluyen políticos, empresarios a la espera de la subvención autonómica, funcionarios adheridos al Principio de Peter (1) y demás sindicatos. Y quien siga argumentando que la publicación de las balanzas autonómicas rompe el principio liberal de que la sociedad la forman individuos y no territorios, que pida, simplemente, la publicación de las balanzas fiscales individuales. Esas sería, de poder hacerse ese cálculo, las más honestas. Por tanto, ¿qué sistema está más cerca de la sociedad de individuos, el del maremagnum global o el de la precisión regional?. (1) Uno de los enumerados por Laurence J. Peter dice que todo departamento, oficina, organismo o lo que sea a tiende a su expansión sin límites más allá de las justificaciones iniciales y temporales que patrocinaron su creación. |