Así, sencillamente PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por María Luisa Lajara   
jueves, 18 de febrero de 2010

ImageEl desencuentro entre el Sr. Zapatero y los Estados Unidos de América y sus dirigentes es un asunto que viene ya de antiguo y que va adquiriendo ese tinte turbio y espeso que el personaje de la Pimpinela Escarlata atribuía a la sopa en la novela del mismo nombre que escribió la Baronesa de Orczy.

Comenzó  con un desaire a una bandera en un desfile y va creciendo entre una serie de despropósitos, de informaciones contradictorias, y de supuestos acontecimientos planetarios que al final parecen haber sido tragados por un agujero negro, sin que fotos familiares, jornadas de rezos, curiosas citas del Levítico, o cosas similares, sirvan para reconducir las situaciones.

Y mientras media España discute con la otra media sobre si la relación Obama- Zapatero es fluida o avanza a trompicones e, incluso, sobre si existe o no, un buen día nos sorprende de pronto la noticia de que S. M. el Rey de España, D. Juan Carlos I, ha sido recibido por el Sr. Presidente de los Estados Unidos en la Casa Blanca, se ha reunido con él en ese Despacho Oval desde el que prácticamente se mueve toda la redonda bola del mundo, y ha compartido luego un almuerzo en el citado edificio, trayéndose con él la afirmación de Barak Omaba de que la visita oficial a España está, desde luego,  en su agenda, y el reconocimiento presidencial a la actuación de nuestro país en lugares de conflicto, a la valiosa vía de comunicación que España tiene abierta con Iberoamérica, y a la fuerza que la voz de nuestro Rey tiene entre los dirigentes del mundo árabe.

Y la visita y la noticia saltan al conocimiento público así, sin ruido, sin dimes ni diretes; de una forma sencilla y clara. Y todo es como debe ser: el coche de Su Majestad llega a la Casa Blanca, un correcto y marcial marine abre la puerta del vehículo, una persona del servicio de protocolo de la Casa Blanca recibe al Rey (el primer Jefe de Estado europeo que recibe el nuevo Presidente americano), y, en la intimidad oficial de los salones, se suceden los saludos, la firma en el Libro de Honor, las conversaciones, el intercambio de recuerdos, y el almuerzo. Y entre todo eso, un gesto casi imperceptible pero impecable: cuando el representante del protocolo de la Casa Blanca hace la acción de invitar al Rey de España a entrar en el edificio, Su Majestad mira hacia su derecha, a la parte final del coche del que acaba de bajarse, y de forma casi imperceptible pero exacta pone de relieve la presencia cercana del Ministro español de Asuntos Exteriores.

Es bueno saber que uno es quien es y que está donde está y que, por eso mismo, debe hacer determinadas cosas; y es bueno, cuando eso se sabe, hacerlas. Pero lo mejor, sobre todo cuando a diario vemos tantos desajustes, es hacerlo así, sencillamente.

Menos mal que aunque a causa de lo que hacen y dicen los unos y los otros la casa esté a punto de quedarse sin barrer, alguien, en esto por lo menos, ha sabido coger la escoba.


María Luisa Lajara
Acerca del Autor:

Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, está al frente del Departamento Jurídico Interno de la empresa Capio Sanidad, S. L. Cursó los tres primeros años en el Real Colegio Universitario “María Cristina” de San Lorenzo de El Escorial, centro adscrito a la mencionada Universidad, y los dos últimos en la Facultad de Madrid.

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