El eufemismo múltiple con que el gobierno español se refiere a la crisis económica, cuyo punto álgido está por venir, no puede ocultar el problema real. Como los hechos son tozudos la desaceleración corre el riesgo de tornarse en destrucción de riqueza.
El ex-presidente de la Reserva Federal, Allan Greenspan, no quiso alarmar a la opinión pública, en su línea de oficiar de “mago”, es decir de jugador con la “imago”, con la imagen, con el “look”, o sea, con las apariencias, y cifró en menor del 50% la probabilidad de que haya una destrucción de riqueza en los próximos años, pero en más de esa cifra las opciones de que se estanquen las economías. El mismo Greenspan dice que “se acabó el tiempo de la inflación baja”. Fiel, por otro lado a su deliberadamente oscurecido lenguaje, afirmó, paralelamente y con más realismo, que los EE UU están al borde de la recesión. Estarían bien estos avisos si él mismo no fuera responsable parcial de la actual situación por consentir en esos bajos tipos de interés que tanto gustan a los políticos. Para quien sepa sólo un poco de economía, estancamiento e inflación, o sea, lo que ha de venir con mucha probabilidad, es la pesadilla no ya de los ministros de economía o de los economistas, sino de los ciudadanos y las empresas. La “estanflación” supone que los consumidores reducirán su ahorro, ya de por sí bajo o prácticamente inexistente. Lo que ingresan lo destinan, básicamente, a devolver los elevados préstamos que tienen contraídos, muchos de ellos son hipotecarios, con un Euribor por las nubes. Por añadidura, con el alza de precios, su compulsión para consumir hoy antes que mañana es muy alta. En suma, los españoles, afectados por este escenario, ahorrarán aún menos y su capacidad para financiar nuevos proyectos productivos caerá en picado en detrimento, pues, de las empresas. Así las cosas el gobierno no hace nada relevante. Lo anunciado por Zapatero es muy deficiente, escaso y será ineficaz. Porque un programa tímido de recorte del gasto público no alterará la realidad de que el superávit del estado está cayendo (ya va en un 80% de reducción) y que pronto ser tornará en déficit y más deuda pública que se sumará a la privada existente. Imitar a la presidenta de Madrid, la señora Aguirre, en el recorte de sueldos de altos cargos no arreglará nada y ni siquiera servirá para mejorar la imagen liberal de doña Esperanza o para convertir en tal a don José Luis. Socialistas los hay en todos los partidos, aunque Aguirre es la menos socialista de los dirigentes del Partido Popular. A pesar de la poca adhesión de los políticos en general por el auténtico libre mercado -no nos referimos a este remedo de mercantilismo "protector" que padecemos- lo cierto es que el Estado de las Autonomías permite que en algunas comunidades haya más sensatez liberal -expresión, no obstante, redundante- que en otras. Está en manos de las administraciones regionales comportarse con más rigor que el presidente del gobierno, porque lo contrario es menos probable. Y es que alguien, quien sea, debería romper el círculo vicioso del gasto público. |