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Liberalismo, democracia, dictadura y Asturias Liberal Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Piensa en Liberal
Escrito por Joaquín Santiago Rubio   
domingo, 12 de octubre de 2008

Image Liberalismo sólo hay uno: el que expone de forma no ya preeminente, sino más bien, absoluta, el papel del individuo. En el liberalismo el individuo es soberano y solamente puede ser soberano el individuo si es absoluta y total la posesión sobre sus propiedades. Visto esto, podemos juzgar a los diversos regímenes políticos:

Las dictaduras nunca son liberales. Tal y como las conocemos en esta era que arranca de fines del siglo XVIII, las dictaduras propenden a identificarse con el pueblo (Terror francés, Franco, Hitler, Mussolini, Pinochet, Stalin, Mao, Castro,...) y utilizando las energías que éste le da (económicas y psicológicas), le identifica con unos parámetros oscilantes: lengua, cultura, territorio, que se resumen en el concepto nación. Para Hitler, el concepto supremo era la raza; para Franco, la nación, en el caso del fascio italiano, lo sublime era el Estado, para Stalin, el pueblo-estado y para Mao, el pueblo en armas. Estado, Nación, Pueblo, Raza han sido utilizados por los dictadores para asentar su poder sobre los súbditos enajenando su conciencia individual en el totum colectivo, suprimirles sus propiedades y sus conciencias. Énfasis diferentes para entidades holísticas intercambiables y terminar en el mismo principio de dominio. Pura voluntad de poder.

Los nacionalismos nunca son liberales aunque éstos los hayan apoyado. Tras la caída del Antiguo Régimen los nacionalismos, en cuanto aspiraban a identificar nación (cultural, lingüística y territorial) con Estado, surgieron como la justificación ideológica de los nuevos plutócratas. Cierto es que los liberales les concedieron su beneplácito en un flagrante y estrepitoso error histórico. Consideraban los liberales que esas unidades menores de los imperios, que eran las naciones, eran expresión de libertad exterior e interior.  Error grave porque los estados-nación resultantes fueron, en muchas ocasiones, más tiránicos que los imperios multinacionales que les precedieron.

Los imperios no son liberales. Aunque puedan ser relativamente abiertos como era el de los Habsburgo, la patrimonialización del Estado en manos de una familia anula el concepto de libertad individual asentada en una propiedad inviolable. Los imperios actuales, originados en estados-nación y asentados en similitudes políticas y culturales, tienen el vicio de base de la nación y pretenden justificar la coordinación militar sobre la afinidad cultural. También pretenden justificar la sumisión de sus ciudadanos sobre el peligro cultural, militar  o político.

Las democracias, en cuanto tales, no son liberales. Una cosa es que, dado un régimen político, haya que legitimar su autoridad de la manera menos perniciosa posible, que no es otra que celebrar elecciones libres y periódicas; pero afirmar que el consenso y la mayoría son métodos justos para todo y que justifican todo, es falso. Lo contrario es más veraz. En palabras de Benjamin Franklin, la democracia son dos lobos y una oveja decidiendo la cena. En un momento concreto, la democracia es buen sistema para elegir gobernantes - cualquier otra mística definición cae o en contradicción o en engaño-, pero éstos han de ser extremadamente austeros y limitados en sus poderes pues, si no se mantiene esto, el principio de libertad retrocede ad infinitum. ¿Hay algún caso actual de gobierno democrático limitado? No.

 Pero lo más alarmante de la democracia es que apela a los mismos principios colectivistas de Nación, Estado y Pueblo. No al de Raza pues éste es tabú en el consenso mundial democrático en el que el principio liberal de igualdad ante la ley se traduce también por el de igualdad de condición genética. Las experiencias nefastas del esclavismo y del racismo nazi aconsejan alejar a la democracia del concepto Raza. Pero los otros tres colectivismos sí son incorporados a la democracia. El Pueblo -como Colectivo- es soberano místico en el ámbito de la Nación establecida -no de unidades demo-territoriales menores ni mayores- y hace cuasi omnipotente al Estado que lo estructura. En democracia y tras las elecciones, se hace soberanas a unas centenas  de personas que conforman el Parlamento para que, en verdad, se sometan al gobierno, pero de manera diferente a, por ejemplo,  en el franquismo. En ambos hay (y había) elecciones, pero en la democracia las preferencias de los votantes son más sinceras porque tienen más donde elegir y tienen libertades previas importantes como las de prensa, reunión y asociación que confieren legitimidad, es decir aceptación y validez al ejercicio de gobierno por parte de quien resulte elegido.

No obstante, a pesar de que en las democracias se  han impuesto, en origen y en teoría,  límites al poder de los gobiernos, la expansión paulatina e inexorable del mismo es clara. Y esa ruptura de libertades en las democracias se apoya en el mismo principio democrático. Con él bajo el brazo los gobiernos democráticos regulan, conducen y condicionan la más básicas de las libertades que es la de propiedad y absoluta soberanía en el disfrute de la misma. Condicionada la propiedad, la libertad, en sí, merma. Los lobos se van comiendo, democráticamente eso sí, al cordero. Además, en democracia, muchos demócratas pretenden protegerla prohibiendo expresiones de crítica a la democracia. Ni siquiera se respeta el hecho de que quien critica haga uso liberal y libre de su propiedad, de la propiedad de su propio medio de comunicación.

Sólo la propiedad del individuo sobre su propio cuerpo, mente y bienes adquiridos legítimamente o producidos por él, es liberal. Lo que atenta contra ello, no lo es. Es mi opinión y no pretendo que nadie más, si no lo decide libremente y aunque colabore en Asturias Liberal, comparta esto.

¿En qué sentido es liberal Asturias Liberal?. En primer lugar, es una propiedad privada en la que los que escriben lo hacen con el consentimiento soberano de los propietarios. Incorporamos a sus páginas textos que libremente nos envían y que son susceptibles de considerarse liberales de manera subjetiva por sus autores. Aprovecho esta referencia para animarles a que escriban o sigan escribiendo en estas páginas y para agradecer, a quienes ya lo hacen, sus aportaciones así como, sinceramente, mostrar el máximo respeto por todos. También incluimos, de vez en cuando, algún texto antiliberal (de derecha, de centro o de izquierda) por más que su autor niegue ser tal, como ejemplo y motivo de polémica.

Joaquín Santiago Rubio, Director de Asturias Liberal


Joaquín Santiago Rubio
Acerca del Autor:
Joaquín Santiago Rubio es maestro, Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
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