Capitalismo y moral PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Economía
Escrito por Tomás Salas   
viernes, 05 de junio de 2009

Image“Al capitalismo -me dice una amiga- le quedan tres telediarios”. “¿Qué me dices -me comenta un colega a modo de saludo- de la muerte del neoliberalismo?”.  Cierto que no ha habido sistema cuya muerte ha sido más veces anunciada y cuyo funeral ha sido más repetidamente celebrado. Desde el Manifiesto de Marx (en un ya lejano 1848), hasta el colapso ecológico anunciado, pasando por las profecías catastrofistas del Club de Roma en los años 70 (la famosa propuesta del Crecimiento Cero), la lista es casi interminable.

En este  último envite a la economía de mercado  se está insistiendo en los aspectos básicos (morales, axiológicos) del capitalismo como su punto más débil. Dicho en pocas palabras: se trataría de un sistema inmoral, cuyo impulso primordial es el ánimo desmedido de lucro y la impiedad con el iluso o el débil que se deja engañar. Así, se ha dado un mal uso de la libertad tanto en sistema bancario (inversiones con riesgos irracionales, falta de previsión, engaño a los inversores), como en los propios individuos  (endeudamiento producto de un hedonismo de cortos vuelos, visión a corto plazo, olvido de los valores del trabajo, el ahorro, la austeridad). En el fondo, tanto particulares como instituciones, cada uno en su nivel, hacen un uso “inmoral” de la libertad que se les ofrece.  

No le falta razón a esta visión en un sentido. En el sentido de que la economía no  la constituyen grandes fuerzas cósmicas que se mueven independientemente de la voluntad humana, como los movimientos geológicos o el trazo majestuoso de las órbitas planetarias. La economía, por el contrario, es el resultado de innumerables actos y decisiones humanas  que, en última instancia, dependen de pautas y valores morales. Ahora bien, discrepo que esta inmoralidad sea intrínseca al sistema. La economía de mercado, en sus orígenes vinculada al cristianismo protestante, en especial al calvinismo,  pone un énfasis especial en el terreno ético: el valor de esfuerzo, defensa de la legalidad, acento en la responsabilidad personal  y en la libertad. Max Weber en su clásica obra ha estudiado como  calvinismo y capitalismo se vinculan; y Michael Walzer relaciona también al calvinismo el nacimiento de un nuevo vínculo político (basado en la obediencia y en la disciplina) que sustituye al antiguo mundo medieval (basado en la autoridad y en la obediencia); es decir en el tránsito del  mundo antiguo al moderno. 

La economía de mercado, pues, predica como su valor medular la libertad (de comprar, de elegir, de vender, de crear riqueza) pero en el marco de un seguridad jurídica que garantice el cumplimiento de las reglas del juego; es decir, que haga obligatorios estos imperativos morales de los que hablamos y que convierta lo moral en legal. Sólo un Estado fuerte y bien organizado (también bien organizado en lo límites de su función) puede garantizar este marco jurídico. La crisis, más que el resultado la  inmoralidad intrínseca del capitalismo, nace del abandono de sus más elementales valores y del relajo de sus controles legales.


Tomás Salas
Acerca del Autor:
Nacido en Álora (Málaga) 1960. Profesor de Lengua en la enseñanza secundaria. Doctor en Filosofía y Letras con una tesis sobre “Los géneros literarios en Ortega y Gasset”
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