 No cabe duda de que se trata de un gran diario, el mejor de Asturias y uno de los más prestigiosos de España. La elección de los asturianos lo ratifica, en un contexto de oferta suficiente para esta región, como para reconocer que el liderazgo en ventas y difusión de LNE no es un capricho burocrático de la administración, sino un hecho incontrovertible. Pero es posible reconocer lo anterior y, simultáneamente, discrepar de su, generalmente sensata, línea editorial.
El domingo día 25-11-2007 el editorialista de ese diario planteó la necesidad acuciante de que Asturias cuente con nuevos objetivos de desarrollo económico dado que, una vez alcanzados y, a la vista de un futuro halagüeño en materia de empleo, se precisa ser más ambiciosos. Si bien es cierto lo primero, lo segundo no lo es tanto y, para certificar que es así, hay que leer el editorial del mismo medio de una semana antes. Para argumentar a favor de que las fuerzas políticas se unieran para aprobar un nuevo presupuesto autonómico, encendía aquél la luz de alarma en la previsión más que fundada de que España y, por ende, Asturias, caerán en una desaceleración del crecimiento o, incluso, en recesión.
Parece que afirmar ambas cosas en semanas diferentes es compatible, pero, todos, y más los que conocen los mecanismos de la economía, saben que los parámetros de empleo, crecimiento y demografía, son vinculables y, considerados en el marco adecuado, interdependientes. Se entiende, pues, contradictorio el argumentario de ambas editoriales si consideramos todos los factores como creemos que se debe: vinculados.
Por definición, sólo se pueden cubrir puestos de trabajo si éstos se crean. Únicamente hay creación de puestos si hay crecimiento económico. El crecimiento de que Asturias ha disfrutado, y aún lo hace, ofrece insuficientes puestos de trabajo para satisfacer la demanda pero, simultáneamente, se reduce el desempleo. Los datos que confirman tal insuficiencia son la existencia de un éxodo de población asturiana técnicamente preparada, una persistente caída de la natalidad en Asturias, reflejo de una lastimosa desconfianza hacia el futuro, y el rechazo que los foráneos presentan a asentarse en una región muy poco dinámica. Se explica así que las cifras de desempleo presenten una cierta reducción. Pero el cuadro completo revela que ni absorbemos la mano de obra cualificada que el sistema educativo asturiano genera ni atraemos la menos preparada, procedente de otras zonas, ya de España, ya extrajera, ni inspiramos suficiente confianza en el futuro. Por tanto no podemos hablar de claroscuros, sino de oscuros. A secas. El crecimiento económico de Asturias es plenamente dependiente del español y claramente insuficiente para que las familias decidan desarrollar su proyecto vital de futuro en ella. Los próximos meses serán, si las predicciones generalizadas, que asume el mismo gobierno nacional, se cumplen, de cierta recesión. Debido a la realidad, que es tozuda y acabó con el dogma fundamental del keynesianismo económico, tendremos además algo parecido a la “stagflación”, es decir, estancamiento económico e inflación.
Los profesantes del dogma creían en que la economía, o estaba en auge con subidas de precios, o en recesión con caída de los mismos. La intervención política en la economía se justificó en este enfoque y los gobiernos se encargaron, entonces, de frenar el alza económica y “su” inflación mediante impuestos y las fases depresivas mediante mucho gasto público. Ocurrió que su deficiente planteamiento originó algo que no supieron entender, la “stagflación”, es decir, depresión y alza de precios, todo a la vez.
Parece que la economía española se acercará en 2008 a este nefasto modelo y Asturias no será una excepción. De nada vale decir que nuestra inflación de octubre nos sitúa dos décimas por debajo de la media nacional porque la tendencia al alza es la misma.
Igualmente es pernicioso hacer apelaciones a incrementar el gasto público pues, al modo keynesiano, estaremos contribuyendo a generar inflación. Ojo, por tanto, a lo que se dice atendiendo más a los intereses de las empresas receptoras de ese gasto que al conjunto de la economía regional. El sujeto básico de la economía son los consumidores, asturianos en este caso. Las empresas, si operan en mercado libre, prosperarán atendiendo a las demandas de calidad y precio de los consumidores. Ni esta empresa ni aquella, en concreto, merece ni un sólo euro detraído de los impuestos o por endeudamiento público pues eso reduce oportunidades a otros empresarios, expulsados de la competición por favores públicos, bloquea el efecto positivo que la competencia tiene sobre la competitividad de las empresas y empeora el bienestar de los consumidores.
Lo que se precisa para que sirvan al consumidor y tengan éxito es que los mercados no estén intervenidos ni por normativas excesivas, ni por barreras a otras empresas –vengan de donde vengan-, ni por favoritismos empresariales, que los hay y de los que hablaremos el jueves próximo.
Si consideramos a Asturias como una empresa podemos decir de ella que produce poco, que tiene que despedir a muchos de sus trabajadores –emigración mucho más real que legendaria- y que empeora el nivel de vida de sus gentes –al contribuir al incremento de la inflación-.
La economía es como la Historia de que forma parte, incierta. Si no se abre el marco para que esa incertidumbre sea manejada con criterios de mercado y las “fuerzas vivas” siguen empeñadas en la planificación, el gasto público y el conglomerado político-empresarial, seguirán frustrando a los asturianos.
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