Solicito perdón por retornar a las andadas, a un tema engominado en mi opinión anterior: el dinero evanescente. El pavor , escriturado en los medios, dominó mi intención inicial llevándome a un sendero transitado. La Güestia, la santa compaña astur, inicia su desfile concitando un aquelarre en torno a los dineros autonómicos, al presupuesto que insufla movimiento a un gobierno parapléjico
El pregonero reclama sus cuartos esparciendo a los vientos las desgracias que afligirán a ésta cristiandad, si torvamente, acorta el estipendio público una oposición torticera. El anunciador de las plagas regionales ha pasado varias páginas que envolverán con su pestilencia nuestras desventuras.
En la plaza pública el pregonero, cubriendo la impudicia con su capa, siembra el miedo en nuestros mayores bloqueando las residencias de la tercera edad por carencia de presupuesto. Los equipamientos, las infraestructuras y tantas cosas, quedarán como asuntos pendientes. A mayores, nuestro Solbes astur despliega sus juegos metafísicos, un discurso acibarado amenaza al impuesto del patrimonio que aún seguirán expoliando en un acto vengativo. ¡No hay ley de presupuestos, no es factible retirar tal impuesto! ¿No es posible desplegar una norma alternativa que soslaye tal problema? ¡Siempre nos impregna la amenaza y la coacción! Nuestros padres abandonaron el medio rural, acreditaron con su sangre la hipoteca de sus casas, engrosaron el IBI y las cuentas de la banca, y cuando la muerte les abrazó, Hacienda se ciñe a la herencia de los huérfanos usurpando una legítima mil veces abonada.
Esta es la trampa presupuestaria, los manejos numéricos tras el dinero de los modestos. Las leyes de crédito extraordinario, mil recovecos administrativos dan cobijo al interés del poder. La propaganda muestra los destinos que la hacienda regional contempla. ¡El 65% del presupuesto se dedica al gasto social! Una aseveración deslumbrante que esconde la añagaza de las insuficiencias de estos gobernantes. Tengo para mí, que tal pedazo porcentual se muestra grande ante los flacos ingresos y la menguada actividad económica que aprisiona unas partidas que habrían de expandirse de solazarnos en la prosperidad económica. Si así fuere, el coste social se estrecharía ante los posibles inimaginables de esta pobre Autonomía. Un coste social vinculado a la pasividad, la ternura de la seguridad social y el mantenimiento funcionarial.
La prórroga presupuestaria contiene el gasto corriente, el dinero de bolsillo para el día a día, los acuerdos interesados, el gigantismo de la Administración, el favor y el compadreo que superan una razonable necesidad. Los gastos fijos, que sostienen el quehacer diario, muestran su

indiferencia ante aquello que le es ajeno. Por eso el hombre del saco, el sacamantecas, trata de echarse al zurrón cuanto más mejor.
Los agentes responsables manejan sus calculadoras, la política interesada que desdeña el interés general. La oposición, los de las dos vocales, atestiguan, por sus muertos, la ausencia de un presupuesto social. La complejidad de los números justifica no explicar tal retroceso, los cambios porcentuales de los conceptos y las partidas presupuestarias. ¡Qué bochorno! ¡Ilústrennos, saquen a éste pueblo de la ignominia de la ignorancia! No se atisba más que cinismo tras la separación quirúrgica de dos hermanos siameses que comparten el cordón umbilical del presupuesto y el poder. El real motivo es calentar los asientos de los palacios de Presidencia y Calatrava. El resto pura fruslería. Las diferencias programáticas sufren un cólico miserere en el territorio espeluznante de los ayuntamientos, un espacio proclive a los acuerdos que yugulan principios inexistentes. Únicamente interesa el protagonismo local de aquellos que, entregados a sus propios afanes, instilan la desbandada y la ambición, que las ejecutivas regionales transigen en bien de la tranquilidad general de los cuadros y la organización del partido. Una imagen, la munícipe, invertida en la óptica regional con el mayor descaro y el asentimiento general.
Bien seguro, que en tiempos de escasez, veremos reducir el gasto en propaganda, los asesores de Educación, los gestores sanitarios, el mausoleo de la Universidad Laboral y el cierre de la TPA. ¡Todo sea por nuestros ancianitos! Así será el futuro inmediato, hasta el amanecer del 10 de marzo próximo, cuando la luz de los escaños de la carrera de san Jerónimo despejará los obstáculos interiores empañados por la niebla astur. Después habrá espacio para el abrazo de Fruela entre la izquierda, bien alejado del espíritu liberal del abrazo de Vergara. Las empresas públicas, entintadas en el Bopa, seguirán creciendo y dificultando un control presupuestario en bien de una gestión eficiente.
En tanto esto acontece,
la Güestia seguirá penando las almas de seres incorpóreos al son de la campanilla. Marcharán por los bosques, a un paso de la licantropía. Dicen los sabios, que trazando un círculo en el suelo entorno a nuestros pies, y dibujando el sello de Salomón, estaremos fuera del alcance de la santa compaña. En este escenario sólo cabe entonar el cantar de los cantares. Mientras ensayamos las entonaciones bíblicas, tal vez podamos emplear el escapulario de algún latinajo.
Res non verba: hechos, no palabras.