Recuerdo una de mis fantasías infantiles: chapotear en los charcos de agua. Nada raro, una atracción compartida con cualquier niño, aunque algunos se emperran en conservarla en la edad adulta. La situación sanitaria en Asturias, especialmente en la Atención Primaria, adolece de ésta fijación psicopatológica en determinados responsables.
El momento actual se haya dominado por el desconocimiento y la estupefacción general, profesionales incluidos. Se ignora de donde sopla el viento que se empeña en dispersar la llovizna incesante del no saber, incrementando las dimensiones del barrizal del estupor. Todo ello parece responder a la desinformación interesada tras la que esperar el arreglo de un problema por decantación. Por eso se hace necesario alumbrar la oscuridad con la luz de la razón y del derecho sanitario. La organización actual de la Atención Primaria en Asturias es el resultado de una resolución administrativa adoptada por el anterior Consejero de Salud y Servicios Sanitarios: Don Rafael Sariego García. No entraré a debatir su conveniencia, es lo que hay sin más. La decisión del consejero Sariego incluía el funcionamiento de los centros de salud en horario de 8 a 15 horas, el SAC (Servicio de Atención Continuada, entre las 15 y 22 horas) prestado en régimen de urgencia en cada centro de salud y el servicio de urgencias (entre las 22 y las 8 horas del día siguiente). En síntesis éste es el modelo urbano asturiano. En el medio rural, las guardias se mantienen las 24 horas del día. El responsable actual entiende, su nombramiento le legitima para ello, que ha de acometerse una reorganización sanitaria en Asturias, aquello que los medios definieron como la revolución Quirós. Se espera que su intención se expanda extramuros palaciegos de general Elorza, 32. Una de sus decisiones pretende intervenir en la Atención Primaria en un deseo de mejorar organización y rendimientos. A día de hoy, sólo se respira un desaguisado monumental y la orfandad política del promotor de tal iniciativa. La bulla, en que han metido a los profesionales sanitarios y a la sociedad, acabó llamando la atención y el debate de las sesudas señorías en el Parlamento Regional. Los comunicólogos de la Consejería de Salud han embarullado el asunto imbricando las guardias con la apertura de centros por las tardes. Dos cosas distintas. Las urgencias, en jornada de tarde, son acometidas por los miembros del SAC en condiciones heroicas, con el reconocimiento expreso de la soledad, como compañía, y los medios limitados para una institución concebida para fines diferentes. Dicho en roman paladino, las guardias en jornada de tarde ya estaban cubiertas. ¿Modificará el nuevo sistema el resultado actual empleando idénticos recursos humanos e infraestructura? Parece difícil. El estudio, a cerca de un modelo alternativo, concentrando efectivos y recursos en puntos específicos que permitan una actividad más racional, ha sido laminado antes de someterse a consideración.

El estudio, a cerca de un modelo alternativo, concentrando efectivos y recursos en puntos específicos que permitan una actividad más racional, ha sido laminado antes de someterse a consideración.
La filtración interesada, de algunos dispuestos a dinamitar la valoración de tal iniciativa, fue resuelta con la decapitación inocente de dos gestores sanitarios en Avilés. Se les acusa, de manera ridícula, de lo que una figura obscura hizo con ellos: deslealtad. ¡Ya se sabe la situación está cruda y requiere cabeza de turco! Sobre la ampliación de jornada a las tardes habrá que evaluar costes y beneficios, para eso ya tendremos tiempo. La estrategia pasa por contaminar y confundir guardias y jornadas de tarde, y proyectar la culpa sobre los profesionales. La gestión de la crisis pone en evidencia la falta de sintonía entre la Consejería de Salud (el órgano responsable de la política sanitaria) y el SESPA, el Servicio de Salud del Principado, encargado de prestar la atención sanitaria a la población. Las órdenes y contraordenes, entre unos y otros, mantienen desubicado al personal y la ciudadanía, que asisten perplejos a un despropósito que bien puede convertir la sanidad astur en un solar, eso sí, lleno de escombros. La ausencia de criterio se resuelve manu militari, pronunciada la sesera del consejero, aunque de plazos ¡ver veremos! En cada área sanitaria se aplicará una receta ad hoc en la gestión de los tiempos de implantación. La actitud beatífica, y desinteresada de la Administración Regional, se ha visto con el aumento de los salarios de los médicos. Lo pregonan en todos los medios, a oriente y occidente, para hacer verdad una mentira, a la búsqueda de un culpable ajeno. La legislación nacional, y no la autonómica, es la responsable de los reconocimientos vinculados a la carrera profesional. La Ley 16/2003 de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud, la Ley 44/2003 de Ordenación de las Profesiones Sanitarias y la Ley 55/2003 Estatuto Marco del Personal Sanitario de los Servicios de Salud, son los fundamentos aplicados a los médicos que habrían de desarrollar los principios inspirados en la socialista Ley 14/1986, General de Sanidad. Cosa diferente ha sido la desastrosa aplicación que la Administración Regional Sanitaria, en una actitud reprobable, adoptó haciendo tabla rasa de un derecho al reconocer, de facto, idénticos niveles de carrera profesional para esfuerzos diferentes. ¡No vaya a ser que se queje el personal! La carrera profesional de los políticos fue objeto de atención, desde su primera toma de posesión, de VAAA con aumentos retributivos superiores, para ciertos jerifaltes, al 30% del sueldo de partida. La última es la oferta de no sé cuantas plazas, algo así como 2.644 plazas, sin precisar a qué sector profesional va dirigido. Tal esfuerzo, como siempre con retraso, supone reparar la injusta situación del personal interino. ¡No son plazas de nueva creación, ya existen y están cubiertas! Aunque es buena la ocasión para seguir enredando, adoptar el rol del Santo Job e insistir en poner a los pies de los caballos a tanto señorito médico. ¡Más madera! Así seguimos, metidos en nuestro pequeño charco, cuando la mar próxima recalentada parece dispuesta a engullir el sistema sanitario por incapacidad manifiesta.

Así seguimos, metidos en nuestro pequeño charco, cuando la mar próxima recalentada parece dispuesta a engullir el sistema sanitario por incapacidad manifiesta.
Las recetas parciales no resuelven los problemas del enfermo al separar la Atención Primaria y la Especializada quienes, con sus singularidades específicas, requieren un planteamiento global de organización y gestión. Para ello es preciso chequear a fondo la sanidad, formular un diagnóstico certero y proponer las alternativas que resuelvan nuestros males. Hechos los deberes, en el tiempo y con el sosiego necesario, sus líneas estratégicas han de plantearse en la Junta General del Principado. Lo hemos dicho con anterioridad y reiteramos nuestro criterio. De lo contrario, seguiremos cantando bajo la lluvia de los problemas, remedando a Gene Kelly bailando con cuarenta grados de fiebre. Hoy en día la farmacopea es amplia y permite combatir cualquier calentura transitoria. |