No tengo muy claro que papel otorgar a cada uno de los actores de esta obra de vodevil cubano en el que, sin dar un paso atrás, uno hace y otro deja hacer, uno está encima y otro debajo, uno da y el otro se deja dar.
Ambos obtienen lo que desean y engañan o utilizan al otro para sus fines, y aquí parece claro quien usa y quien se deja usar. Son sólo dos formas de perversión de la realidad política, dos formas muy distintas, pero ambas son manifestación de la misma perversión, la subversión de la voluntad del votante en su propio beneficio, dos formas de caciquismo de estilo diverso, pero caciquismo al fin y al cabo. Uno toma lo que le interesa, de forma violenta y más o menos agresiva, nos quita nuestra libertad por medio del miedo, la intimidación, viola nuestros derechos y nos compra. El otro nos coge con la guardia baja, nos seduce sin que nos enteremos, se pone debajo y nos deja hacer, nos creemos libres, pero nos quita nuestra libertad al impedirnos elegir entre lo que realmente queremos, nos cercena las posibilidades de elección con la imposición traidora de lo que no queremos. Uno nos impone, el otro nos impide. ¿Garbino y Ovidio? ¡Escojan señores! |