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Retablo de las maravillas y 11-M Imprimir E-Mail
Colaboraciones - 11-M
Escrito por José María Fernández Gutiérrez   
viernes, 02 de noviembre de 2007

El efecto del Mago: una sentencia imposible

Nunca mis ideas adoptaron forma definitiva en torno a una autoría, antes el camino de la verdad habría de ser trillado en la era de doscientos veintiséis tomos de expediente o algo así. Los folios, sellados por un juez, estructuraban la esperanza de un pueblo aturdido. La luz y el conocimiento habrían de taladrar el mundo opaco de los intereses entrecruzados en la niebla espesa del 11-M

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ImageEl “Retablo de las Maravillas” de Cervantes es la visión exacta de lo que dio de sí la sentencia del 11 M: Un Retablo de Maravillas.
Ya saben ustedes qué cuenta y cuál es significado del entremés. Chanfulla, un personaje del mismo, decía:
“Por las maravillosas cosas que en él se enseñan y muestran, viene a ser llamado “Retablo de las Maravillas”; el cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo debajo de tales paralelos, rumbos, astros y estrellas, con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran, que tenga alguna raza de confeso, o no sea habido y procreado de sus padres de legítimo matrimonio; y el que fuere contagiado destas dos tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas, jamás vistas ni oídas, de mi retablo”.
Cervantes, sin duda, nos da la clave y la explicación a lo de la furgoneta Renault Kangoo. Furgoneta de la que dijo el portero de una finca de Alcalá de Henares que se habían bajado de ella tres individuos sospechosos. La inspección ocular y el rastreo con perros especializados demostró que la furgoneta estaba vacía. Se la trasladó al complejo policial de Canillas y allí aparecieron en ella siete detonadores, restos de sustancia explosiva y así hasta 60 objetos. Por lo tanto, la furgoneta estaba vacía y llena  ala vez, no porque, como se niega en la sentencia, pudiese haber estado vacía en Alcalá y llena en Canillas, sino porque era la furgoneta del Retablo de las Maravillas. Los objetos estuvieron siempre en ella, pero los que la inspeccionaron y los perros eran, como dice Cervantes, gente no cristiana vieja y los perros, probablemente, no descendían de legítimo matrimonio y…
    Ya está. La explicación es diáfana. Lo que no sé es cómo la sentencia no acude a la autoridad de Cervantes. Tal vez por lo del “aliquando dormitat Homerus”.
    Lo de la mochila con explosivos que las inspecciones realizadas no vieron en la estación de El Pozo, pero apareció en la Comisaría del Puente de Vallecas junto con los otros objetos procedentes de El Pozo, no tiene tampoco demasiado misterio y se explica también en la obra de Cervantes. La mochila estaba en la estación de El Pozo y los inspectores no la vieron porque no eran ni cristianos viejos ni hijos de padres legítimos, pero ahora han quedado en evidencia.
    Ya está.
    Más complejo es el caso del explosivo. La sentencia dice:
-“No se sabe con absoluta certeza la marca de la dinamita que explotó en los trenes, pero toda o gran parte de ella procedía de mina Conchita”.
-“Se sabe que la que se usó y se encontró en Leganés y en la vía del AVE era Goma 2 ECO sustraída de mina Conchita.”
-“El explosivo utilizado por los terroristas fue, en todos los casos, dinamita plástica –tipo goma.”
    Luego no se sabe qué tipo de explosivo específico se utilizó en los atentados de los trenes, pero, sin saber esto, la sentencia afirma que provenía de mina Conchita. La de otros actos terroristas, presuntamente relacionados con el de los trenes, era goma 2 ECO, de mina Conchita.
    ¿Qué fuerza probatoria tiene que en Leganés y en el AVE se usase goma 2 ECO de mina Conchita para deducir que este explosivo, procedente de mina Conchita, era también el de los trenes?
    Esto me parece que no lo explica Cervantes, pero sí un caso que conozco o que se puede dar. Es el siguiente:
    Un señor va, al parecer, intoxicado al hospital. Se muere y le hacen la autopsia. La autopsia señala que se murió por comer comida, no se sabe qué comida, en mal estado, pero se dice que toda ella, o la mayor parte, provenía de “Casa Conchita. Comidas”, porque hay la certeza de que el finado comía allí frecuentemente y ya en una ocasión, no consta si dos años antes o hace un mes, se había intoxicado.
    Queda claro.
    Los padres y hermanos del muerto no están de acuerdo, pero el forense dice que esa era la verdad médica. Y los políticos afirmaron que estaban satisfechos porque los mecanismos del Estado de Derecho habían funcionado, lo que demuestra que el país es un país democrático y progresista.
    Y vale ya.


José María Fernández Gutiérrez
Acerca del Autor:
Catedrático de Lengua Española de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona
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