No hace mucho que, a modo de desahogo, escribía en alguno de los medios de comunicación que acogen mis escritos, una serie de preguntas en torno a los atentados del Corredor del Henares. Estas preguntas tenían un carácter más bien genérico con el fin de invitar a los representantes de los poderes públicos a desvelar algunos de los muchos misterios en que estamos sumidos a raíz del 11-M.
Dichas preguntas encontraron una buena acogida entre ciudadanos de bien y ellos mismos se atrevían a reformularlas como propias. Las personas y las entidades a las que iban dirigidas, o no las leyeron, o no tenían respuesta para ellas, o lo que sería peor, no quisieron darse por aludidos por las razones que fueran; yo me pongo en la peor de las razones, y explico el por qué a continuación:
Cuando me publican algún artículo sobre el 11-M en los foros de opinión, casi de forma sistemática, aparecen intervenciones, rebatiendo alguno de mis argumentos, parece como si se tratara de profesionales de la polémica más que de buscadores de la verdad, algunos incluso revisten sus intervenciones con cierto espíritu de conmiseración por mi condición de víctima de dicho atentado.
Yo les agradezco su buena fe pero no es exactamente eso lo que pido. A Dios gracias, tengo buenos amigos y personas allegadas que, desde el cariño y la convivencia, rellenan esos huecos que las heridas del mal dejan en sus víctimas directas y en las que, por solidaridad, terminan siendo víctimas como nosotros, de los atentados que a otros benefician, al menos aparentemente. Por otra parte, las informaciones oficiales sobre este asunto, prácticamente no han existido y las noticias que aparecen en los medios de comunicación “oficiales”, desde mi punto de vista, van más encaminadas a confirmar lo que nos contaron que a aclarar lo inexplicable.
Para confirmar mis afirmaciones he de confesar que yo supe el tren en que viajaba mi hijo por una información de viva voz dada por un policía cuando recogimos en IFEMA parte de los objetos personales que recuperamos. Creo que lo normal hubiera sido recibir dicha comunicación por un procedimiento formal. Yo soy consciente que dicho atentado superó todas las previsiones pero, cuando hay voluntad de hacer una cosa bien, tarde o temprano se consigue.
Las víctimas hemos sido las grandes desinformadas de los trabajos realizados en torno a las investigaciones. Para colmo, durante el proceso de instrucción, se nos ha dificultado al máximo lo que en cualquier procedimiento hubiera sido normal, colaborar en la investigación de los hechos; máxime, cuando se admitían los indicios y las pruebas más inverosímiles que uno pueda imaginar sin pestañear por parte del Juez Instructor y de la Fiscalía.
Hace unos días recibimos una carta certificada de la Audiencia Nacional en la que se nos informaba oficialmente del resultado de la sentencia. Nuestro agradecimiento por dicha información. No obstante, una vez más apreciamos, al menos por mi parte, una separación entre lo que esperábamos y seguimos esperando de la Justicia y lo que, al día de hoy se nos ha dado. Yo no quiero hacer un juicio técnico de la misma ya que carezco de formación para ello, pero sí me encuentro capacitado para hacer un juicio desde la lógica sobre los resultados de dicha sentencia: Desde mi lógica, como víctima, no puedo entender que se condene sin conocer los motivos de los atentados y todos los hechos que desembocaron en los mismos: organización, planificación, arma utilizada, financiación, pruebas sin validar etc.
Tampoco se entiende fácilmente cómo personas que colaboraron en los mismos hechos, o en hechos similares, sean tratadas de forma tan diferente en la sentencia (Suárez Trashorras y su cuñado, o el mismo y Rafá Zouhier). Resulta chocante que sólo tres personas fueran autores materiales, uno por colaboración necesaria (Suárez Trashorras), otro por colaboración en el transporte de explosivos (Otman el Gnaoui) y otro por haberlo identificado en los trenes en dicha mañana (Jamal Zougham).
¿Sólo esos personajes fueron capaces de explosionar cuatro trenes? También resulta difícil de comprender que el huido del piso de Leganés salga tan bien parado de la sentencia cuando se nos dice que los que murieron en Leganés eran autores materiales.
Estos son sólo unos ejemplos de las incongruencias que se perciben haciendo un análisis a “vista de pájaro” de la sentencia. Seguro que hay elementos procesales para justificar punto por punto el contenido de la misma, pero quiero que se me permita una reflexión para ajustar el derecho a la lógica de los hechos que conocemos con bastante imprecisión y quizás con inexactitud.
Lo que nosotros, las víctimas hemos deseado y reclamado, es otra cosa distinta a la que nos han dado hasta hoy:
- Queremos saber quién ideó el atentado - Para qué se cometió dicha masacre. - Por qué no se evitó y quienes fueron los responsables de ello. - Por qué no se han desvelado todas las pruebas: tipo de explosivo y de artefactos. - Queremos conocer el camino del crimen y de los criminales. - Queremos desvelar las razones por las que una parte de los poderes públicos y de los medios de comunicación se oponen a conocer toda la verdad.
Una vez más me atrevo a afirmar que la tan deseada unidad de la sociedad española no será posible sin el conocimiento de la verdad del 11-M y la reconciliación de todos por la aplicación de la justicia.
Para conseguir eso, la respuesta que tenemos al día de hoy es insuficiente. No olvidemos que, como yo, piensan el 73 % de los españoles. La soledad de la reciente “manifestación unitaria” puede que, en parte, guarde relación con mis afirmaciones anteriores.
Si en democracia, el pueblo deja de confiar en sus representantes podemos estar provocando otra masacre en la vida democrática del país, incluso de manera involuntaria. |