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Del 11-M y del silencio de la gente buena |
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Colaboraciones -
11-M
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Escrito por Víctor Llano
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domingo, 07 de marzo de 2010 |
 El próximo jueves amanecerá otro once de marzo en Madrid. Seis años atrás, aún no sabemos quiénes ni para qué, sembraron la capital de sangre, traiciones, intrigas y miedo. Muy pocas horas después nos contaron que la autoría de la masacre respondía a una franquicia de Al Qaeda que germinó en los pasillos de una mezquita, en dos peluquerías y en un locutorio de Lavapiés. Casi todos los españoles creímos en lo que nos contó el Gobierno en funciones de José María Aznar y en lo que más tarde -ya en el poder- asumió con complacencia el de José Luis Rodríguez Zapatero.
No podríamos negarlo. En un principio, aun desde el asombro, muy pocos dudaron de la versión que nos ofrecieron las instituciones de un régimen que ahora nos consta que renunció a investigarse a sí mismo. Sin embargo, hoy, después de tanto de todo -y según todas las encuestas- son millones los españoles que ya no asumen lo que un día creyeron cierto. Ya no compran la trola que enreda en un relato tan descomunal como increíble. Ya saben que una legión de miserables les engañó miserablemente. No obstante, parece no importarles. Se conforman. Ni preguntan por qué les engañaron, ni piden responsabilidades, ni exigen la verdad, ni se suman al sufrimiento de los que no saben quiénes les destrozaron la vida. Dicen que fue Mahatma Gandhi el que reseñó lo que ahora les recuerdo: “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena”. No es cierto. No podemos colocar en las cosas malas de la gente mala el silencio de la gente buena. El silencio es de quien lo guarda. De los que -constándoles que les engañaron respecto a lo que provocó tanto sufrimiento- no hacen nada para que se conozca la verdad que les ocultaron a los padres que no saben quiénes asesinaron a sus hijos. Es lo que tiene el silencio de la gente buena. Cobardía, traición y desprecio por el sufrimiento ajeno. |