De Gabriel Moris PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - 11-M
Escrito por Administrator   
jueves, 12 de noviembre de 2009

ImageLes recuerdo un párrafo del discurso con el que agradeció el premio que le concedió el Observatorio Internacional de Víctimas del Terrorismo de la Universidad San Pablo CEU:  

“...Mi familia y yo pasamos a formar parte del colectivo de víctimas del terrorismo el 11 de Marzo de 2004. Cinco años y medio no es un período de tiempo muy dilatado para haber desempeñado una larga tarea en pro de las víctimas y de la sociedad que padecen el terrorismo. Mi dedicación y la de mi familia a la causa de las víctimas han sido en cambio intensas durante estos años. La enfermedad que contraje en agosto del año pasado me ha impedido continuar en casi todos los campos en que luchaba anteriormente. Actualmente solo puedo escribir algún artículo de vez en cuando y seguir los contactos a nivel personal y colectivo con los que llevan a cabo alguna actividad contra el terrorismo. Mi currículo por lo tanto, me parece pobre respecto al que me hubiera gustado poder presentar....”

No puedo estar de acuerdo con lo que han podido leer en la última línea. No es cierto. No puede ser mayor, más justo y más necesario el currículo de Gabriel. Ni el suyo ni el de Pilar Crespo. Voy a tratar de explicarlo.  

No sé  quiénes les hicieron tanto daño. Creo que, más allá de las hipótesis que en algún momento todos hemos asumido, la inmensa mayoría de los que preguntamos por qué nos han ofrecido un relato increíble de la masacre de Madrid no sabemos quiénes, por qué y para qué volaron cuatro trenes en Madrid. Antes de conocer a Gabriel ya pregunté aquí y en Libertad Digital por lo que cualquier ciudadano que dude de la versión oficial tendría que preguntar. Por tanto, mi mérito es cero. A nadie le han de agradecer que cumpla con su obligación y pregunte, allá donde pueda, por lo que provocó y provoca tanto sufrimiento. Lo que no sé es si, de no haber conocido a Gabriel, insistiría, casi seis años después, en preguntar por el 11-M.  

Sinceramente, no lo sé. Creí que lo sabía, pero no lo sé. Es muy duro ver cómo, incluso los que se supone que te aprecian y te respetan, se instalan en la paciencia y en el fastidio cuando les hablas de lo que no eres capaz de olvidar. En cualquier caso, son tus amigos. Y son buena gente. Todos tenemos amigos. Unos sirven para recordar los viejos y buenos tiempos en los que la vida se presentaba como una aventura permanente, irresponsable y divertida. Otros para soñar con un futuro mejor. Otros para reír y discutir por todo lo que se mueve. Amigos para todo y para nada.  

Pero hoy quise recordar a uno que me ayudó a ser mejor. Por eso para mí, él y su currículo, son imprescindibles. Por eso estoy en deuda con él y con su familia. Me han ayudado a no caer en la cobardía y en el cansancio que casi seis años después te apremia a mirar para otro sitio y a olvidar lo inolvidable. No lo haré. Tuve suerte. Conocí a Gabriel Moris y me ayudó a ser mejor. 

 
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